20 de noviembre de 2021

ES TIEMPO DE GENEROSIDAD Y SENSATEZ

 


Más allá de la legitimidad de cada cual para ello, sacar músculos para ahondar en la diferencia o marcar distancias está fuera de toda oportunidad en estos momentos, máxime cuando a la vez se  proclama por activa y pasiva el temor a lo que se nos puede venir encima. 

Si ante un poderoso enemigo común, la reacción primaria es la de dejar patente la fuerza que uno tiene, poniendo sus principios como irrenunciables a modo de linea roja insoslayables, puede tener un indudable efecto de apretar filas en el interno, pero no menos dudable es el efecto de recelo que puede provocar a los que están llamados a participar codo con codo en la lucha contra ese enemigo.

En el escenario político abierto tras las elecciones en la Comunidad de Madrid, las formaciones políticas están llamadas al entendimiento para materializar el mensaje del electorado; una tarea que la sociedad reclama sea llevada a cabo con sensatez y generosidad. 

Más allá que se interprete como un estado de necesidad, que poco importaría, es el momento de aprender de los errores del pasado y ofrecer alternativas de gobierno realistas. La mayoría de los ciudadanos piden recuperar la cultura del pacto y el consenso, con el rechazo de dogmatismos e intransigencias. Los poderes públicos deben situarse junto a los más débiles y desfavorecidos. Los objetivos, ahora, no consisten en destruir o arriesgar todo lo conseguido con esfuerzo durante décadas, amenazar el desarrollo y la recuperación económica, o lastrar las aún debilitadas arcas públicas. No es tiempo de ocurrencias, sino de sentido común.

Es tiempo para revertir la tendencia natural de los partidos políticos a concentrar un grupo de dirigentes en la cúpula que, irremediablemente, comienza a confundir sus intereses con los del partido, con los de sus militantes y simpatizantes, tal como describía Robert Michels en su libro “Los partidos políticos” hace más de cien años. Esta tendencia natural se tiene que revertir con generosidad y sensatez.

La sensatez nos debe servir para ver que no es tiempo para revestirnos de nuevas diferencias artificiales y oportunistas, todo lo contrario, nos debe servir para eliminar las existentes sin caer en la tentación de crear otras nuevas. Una sensatez que logre cambiar el funcionamiento de la organización que surja de las nuevas alianzas. La confianza, la amistad política y el respeto por la pluralidad, incluso en el conflicto, deben ser sus motores. Con un protagonismo ciudadano real. Hay un programa claro que defender, unas ideas compartidas por cada vez más gente y una ilusión cívica con muchas ganas de expresarse. Necesitamos que la democracia logre colarse hasta las últimas rendijas de cualquier organización partidaria para fijar garantías y procedimientos nuevos. 

No hay leyes de hierro en política. Esta es impredecible; a cada instante se puede construir lo que hoy parece imposible. Pero para ello necesitamos generosidad y altura de miras. Potenciemos lo que nos une y aparquemos con generosidad y sensatez aquello que nos pueda diferenciar, incluso legítimamente.

Empleemos el legítimo músculo para ahondar en lo que nos une para conocernos mejor e implicarnos en la ardua tarea y, con la generosidad y la sensatez que nos debe caracterizar, reconozcamos a quien tenemos y llamamos a estar al lado.

No hay otra.


Puño en Alto

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