11 de octubre de 2021

SER O PARECER

 


El verbo Ser se usa para atribuir al sujeto de la oración una cualidad o condición intrínseca, natural o permanente, que se expresa mediante un adjetivo, un complemento preposicional, un nombre o una oración equivalente; también se emplea para indicar el oficio o profesión que una persona tiene o alguna actividad o dedicación habitual. Igualmente, se usa para atribuir al sujeto de la oración una relación de pertenencia, que se expresa mediante un complemento preposicional o un posesivo. Mientras, el verbo Parecer se usa para determinar apariencia o aspecto.

Por otra parte, Calificar es atribuir a una persona o a una cosa cierta cualidad o propiedad o asignar a alguien un grado de una escala establecida, mediante una denominación o una puntuación. Calificar es algo relativo, no cierto, parecer igualmente, pero en Ser hay certeza por aquello que hace referencia a una cualidad intrínseca, natural o permanente, ya sea positiva o negativa.

De esta manera no es lo mismo ser xenófobo, que parecerlo, homólogo o fascista que parecerlo. Pero, cuando se hacen galas de actitudes xenófobas, homófobas o fascistas es cuando el Ser en su aspecto semántico toma relevancia sobre Parecer o Calificar.

Al poeta estadounidense James Whitcomb Riley (1849-1916) se le atribuye la frase "cuando veo un pájaro que anda como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, lo llamo pato". Esto es, que una persona puede identificar un objeto desconocido si observa con atención sus características habituales.

Dicho lo anterior, resulta llamativo que algunas de sus señorías, orgullosos representantes de la extrema derecha política, recalcitrantes en valores retrógrados y de moral muy discutida, se indignen tanto cuando se les califican como xenófobos, homófobos, machistas o fascistas mientras se muestran orgullosos haciendo gala de sus actitudes y comportamientos xenófobos, homófobos, machistas o fascistas.

La conocida como la diputada “Molona”, que desde su altivez intelectual (?) y portavocía de la caverna política, junto a un buen número de correligionarios, se harta de insultar y (des)calificar a sus adversarios políticos, ha tenido un rifi rafe con una periodista que osó preguntarle si consideraba un insulto llamar a una diputada “bruja. Con suma indignación y no menos prepotencia se encaró con la periodista inquiriéndole si había hecho la misma pregunta cuando le llamaron a ella fascista.

Lo de bruja ya se autocontestó un compañero con un rocambolesco y esperpéntico argumento. Dijo que la brujería es actualmente en este país una actividad legal, por tanto, no puede considerarse como un insulto. Luego, podría derivarse que llamar fascistas a los militantes de un partido legal que incita al odio a minorías por su procedencia, origen o cultura no sería un insulto.

A “Molona” o conocida también como “Maca”, es difícil contestarte con educación, pero haciendo un ejercicio de contención ímprobo, solo hay que decirle que quien criminaliza a una minoría por su origen étnico o lugar de procedencia, cultural, no se le insulta porque se le diga racista o fascista, sencillamente porque lo es. Esto es, si “Molona” no quiere que, al menos no sea calificada como pato, debe dejar de andar, nadar y graznar como un pato, a pesar de que sea un pato.

En resumen, la extrema derecha se mueve en aquello de que “ser calificado es peor que ser o, en el mejor de los casos, parecer”.


Puño en Alto

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