30 de agosto de 2021

“INTELESTUALES”



Se califica como Intelectual a aquella persona que se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre las ciencias, las letras y la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública. El intelectual no sólo tiene el derecho, sino el deber de criticar la sociedad, de denunciar sus injusticias, su falta de libertad y el conformismo que pueda haber en ella. En este sentido, al intelectual se le concede el rol de resistencia y de ejercer libremente su conciencia sin negar el presente en el que se encuentra.

No se pretende teorizar sobre la figura del intelectual en la sociedad actual ni sobre su rol en la misma, ni mucho menos, es tan solo una oportunidad para hacer referencia a una determinada fauna que arrogándose cierta intelectualidad de manera fraudulenta pululan por esta Sanlúcar del Santo Régimen pretendiendo pasar por intelectual, ya que priorizan conseguir o mantener el citado estatus de autoridad ante la opinión pública a la reflexión crítica de la realidad y del poder. Estos pseudo intelectuales en la Sanlúcar del Santo Régimen se le denominan con toda la puya posible como “intelestuales”.

Intelestuales los hay de distintos pelajes y condición, siendo las motivaciones para pervertir la intelectualidad variadas y variopintas. De esta manera los hay que presa de su afán de un protagonismo que ralla lo patológico, no dudan en traicionar y traicionarse por un minuto de gloria. Están aquellos que huyen del compromiso como el gato del agua hirviendo y para enmascarar dicha incapacidad satirizan y denostan, descalificando con la gracieta fácil y el supuesto ingenioso sarcasmo a quienes dedican esfuerzos y dedicación en defender derechos y libertades. A estos, cuando se les pone ante el espejo de su triste semblanza, su única reacción es el silencio o meter el rabo tras las piernas bajando la cerviz.

Hay que mencionar los de chaqueta cruzada y pelo engominado, cuya supuesta intelectualidad no va más allá de ofrecer loas de gratitud a las vírgenes y a todos los santos que se les ponga por delante con un abuso del epíteto grandilocuente como muestra de su fervor devoto. Complementarios a estos están los que con cuidada imagen versallesca se ensimisman en recuperar epopeyas pretéritas, abstrayéndose de que la mayor epopeya es la de salir adelante en la sociedad actual. No se puede dejar de mencionar a los oportunistas con responsabilidad con títulos universitarios colgados en la pared o no, que se acercan al poder ofreciendo su apoyo para escalar socialmente u obtener prebendas, sobre todo económicas, así como oportunidad de pasar debida factura y saldar cuentas pendientes a terceros.

De esta escueta semblanza, a buen seguro que se escapan algunos más, sin ningún rigor sociológico, es fácil colegir que, aunque no hay una sola tipología de intelestual, es cierto, que tienen una muy marcada característica común entre ellos en la Sanlúcar del Santo Régimen, que se omite con la única intención de que los posibles lectores que hayan llegado hasta aquí, hagan un mínimo esfuerzo para descubrirla.

Los verdaderos intelectuales huyen del poder y se acercan a los movimientos sociales para nutrirse de sus experiencias, de su espíritu transformador y, al mismo tiempo, estos deben promover un diálogo con la filosofía de aquellos para juntos construir el nuevo proyecto social e histórico. Encontrar algo de esto en los intelestuales de la Sanlúcar del Santo Régimen es como encontrar la aguja en el pajar o hacer pasar un camello por el ojo de la aguja, tal como decía aquel.

Si después de esta lectura el oportuno lector se le manifiesta la vocación o la intención de ser un intelectual en el siguiente enlace encontrará unas instrucciones sencillas para convertirse en uno de ellos, mejor dicho, en un perfecto intelestual: 

https://gustavoarielschwartz.org/2014/10/28/instrucciones-para-ser-un-intelectual/


Puño en Alto

27 de agosto de 2021

AFGANISTÁN, UN DESASTRE ANUNCIADO

 


No por anunciado, lo que está ocurriendo en Afganistán deja de ser menos desastre del que debemos abochornarnos como seres humanos.

La intervención estadounidense en Afganistán, con la anuencia de la comunidad internacional incluida la OTAN, va a terminar como se sabía que iba a terminar, pues de la misma manera que han terminado las últimas intervenciones de EE.UU.  en aquellos países donde por una razón u otra ha decidido intervenir: abandonando a la población a su suerte en un estado fallido. Ocurrió en Irak, Libia, Siria y Afganistán no iba a ser menos, con el agravante de que en esta ocasión deja a la población afgana al pairo de unos sangrientos bestias.

Después de derrotar a los talibanes, Estados Unidos y la OTAN se dedicaron supuestamente a reconstruir un Estado arrasado y establecer una democracia de estilo occidental, gastando miles de millones para tratar de recomponer un país desesperadamente pobre que ya había sido devastado por dos décadas de guerra, primero durante la ocupación soviética de la década de 1980 y luego durante la guerra civil. Impusieron un gobierno títere prooccidental y a menudo confuso al que se le permitió una corrupción desenfrenada, con cientos de millones de dólares en dinero de reconstrucción e inversión robados o malversados. El gobierno se mostró incapaz de satisfacer las necesidades más básicas de sus ciudadanos. A menudo, su mandato apenas se extendía más allá de la capital, Kabul, y otras ciudades importantes.

Todo hace pensar que EE.UU. nunca ha tenido intención de instaurar una verdadera democracia en Afganistán, a pesar de la millonada de dólares invertidos en la operación durante 20 años de intervención. Su intención, más que nada, era la de mantener a raya las pretensiones de Rusia, China y Pakistán. El fracaso ha sido estruendoso porque nada más anunciar las fuerzas occidentales el abandono de Afganistán, Rusia, China y Pakistán han reconocido el gobierno talibán en Afganistán.

Ahora hemos sabido, que en su día, el expresidente Trump, excluyendo al gobierno afgano, negoció con los talibanes la salida de todas las fuerzas estadounidenses de Afganistán para el 1 de mayo de 2021. A cambio, los talibanes se comprometían, hecho que incumplieron, a cortar los lazos con grupos terroristas como Al Qaeda y la filial del Estado Islámico en Afganistán, a reducir la violencia y a negociar con el gobierno afgano respaldado por Estados Unidos.

¿Qué pensaran los devotos trumpistas de nuestro país, PP, Cs y Vox, al saber que su líder mundial ha negociado con los que amparan a terroristas?

Más allá de la hipocresía de unos y de otros, lo cierto es que después de 20 años de tutela, el precipitado abandono de las fuerzas occidentales abanderada por el presidente estadounidense Biden ha vuelto a dejar a la sufridora población afgana en el mismo punto de partida de sufrimiento de hace veinte años, pero ahora sin la esperanza de que la comunidad internacional evite la masacre porque le ha dado la espalda. Los afganos, sobre todos las mujeres, han probado algo de la miel de la libertad que ahora se le retira bruscamente por intereses políticos y económicos internos y electorales en aquellos países que en su día decían que los salvarían del terror y la muerte. 

Las operaciones de evacuación de familias de colaboradores afganos, necesarias y vitales, no obstante, suponen un reconocimiento del fracaso de la intervención internacional, además de muestras de problemas de conciencia de los líderes internacionales, si las tuvieren.


Puño en Alto

24 de agosto de 2021

LA ULTRA HIPOCRESÍA DE LOS ULTRAS

 


Lamentable incongruencia, una más”, “sigan así, ya van calando”, ha dicho el concejal del PP Pablo José Corrales (y no podemos estar más de acuerdo), respecto a la lamentable noticia de la que todos hemos sido testigos de como la ultraderecha una vez más ha ganado un sucio pulso, siendo esta vez en el ayuntamiento de Toledo donde bajo el criterio de que se trataba de una imagen vergonzosa y extremadamente ofensiva, María de los Ángeles Ramos, portavoz de Vox en el ayuntamiento, no solo ha exigido que se retiraran los carteles de un concierto de la cantante Zahara -algo que se llevó a cabo a una velocidad de vértigo incluso desde la web del ayuntamiento gobernada por el PSOE-, sino que también exigía que se suspendiera dicho concierto. El PP, cabizbajo, encantado de coartar libertades, deprisa se sumó a la petición. 

Tal radical e intolerable decisión la quieren justificar diciendo que el cartel anunciador del concierto produce una enorme ofensa a los católicos y estos no pueden pasar por alto dicha ofensa. Claro que no, para pasar por alto ya tienen otros asuntos como lo son la cantidad inmensa de abusos y violaciones hacia niños que ha cometido miembros de la Iglesia o el desconcertante número de niños robados por la mafia criminal de la que esa misma institución formó parte y cuyas madres desesperadamente siguen reclamando. Recordemos que ambos graves y criminales asuntos siguen sin haber pasado por la Justicia. Una incongruencia de la derecha y ultraderecha, una más.

Los que estamos cansados de ver el juego de la ultraderecha provocadora, no entendemos muy bien que ha sido exactamente lo que le ha ofendido del cartel patrocinador. Podríamos pensar que ha podido ser el hecho de que la cantante se haya puesto unos atuendos intentando parecer la estatua de una virgen de esas que se sacan en procesión, pero cae uno en la cuenta que esto no es ofensa para la ultraderecha porque todavía somos muchos los que tenemos grabadas en nuestras retinas una de las ayusadas que nos tuvimos que tragar en plena pandemia: Ayuso posando en portadas al estilo de una Virgen mientras le negaba a los ancianos de residencias ser trasladados a hospitales y los dejaba morir abandonados, lo cual, por cierto, no causó ofensa alguna a ningún católico. Por otro lado, podría suponerse que es la palabra “PUTA”, pero tampoco tiene mucho sentido, pues no vimos a ninguno de los líderes de la ultraderecha y derecha salir a defender a la ministra Yolanda Díaz cuando un grupo de antitaurinos la recibieron al grito de “puta” también en Toledo, al igual que no los vemos tampoco condenar ninguna de las atrocidades que se llevan a cabo hacia las prostitutas que son forzadas por mafias y asociaciones cuyos líderes son conocidos empresarios de la ultraderecha, al igual que tampoco los vimos indignados cuando el portavoz de ultraderecha en Murcia llamó “puta” en las redes sociales a la ministra de Justicia. 

Y que en Murcia hayan implantado el Pin Parental y que amenacen con implantarlo en Andalucía, que es un claro retroceso en la educación de los jóvenes, tampoco les ofende. Modificar leyes sobre violencia de género o contra la discriminación del colectivo LGTBI como han hecho en Madrid, tampoco es una ofensa. Que el autobús lleno de odio de HAZTEOÍR -que bien les ha subvencionado en la campaña electoral- recorriera las calles mandando intolerantes mensajes y atacando al discriminado colectivo Trans, tampoco les ofende. Que exigieran que se borrara el famoso mural feminista en el Barrio de la Concepción de Ciudad Lineal o que se sacara del callejero las referencias a socialistas, empujando a que violentos seguidores llevaran a cabo actos vandálicos contra los mismos, tampoco es una ofensa. Que, en varios 25 de noviembre, Vox haya reventado los actos institucionales que se llevan a cabo contra la Violencia Machista faltándole así el respeto a tantas víctimas y sus familiares, tampoco ofende. Que el catolicismo esté detrás de numerosas decisiones políticas a pesar de que desde el mismo episcopado se quiera hacer creer a los fieles que no se pretende ningún poder político ni interferir en la misma, tampoco es una ofensa. Y todavía estamos esperando que algún católico manifieste ofensa por una de las barbaridades que dijo ese partido de ultraderecha provocador y mensajero del odio, cuando pidió que se pusiera “todos los medios al alcance, siendo el primer medio la intervención de las Fuerzas Armadas” contra las pateras que vienen llenas de personas desesperadas que huyen del hambre y la miseria, negándoles la mano a quien pide una oportunidad y haciendo así una llamada a disparar para hundirlos en el mar. ¡Ay, el Amor al Prójimo! El ya nombrado Pablo José Corrales afirmaba que “no ofende quien quiere… y ustedes no pueden”, y todo apunta a que ofende quien quiere y puede: parece que la ultraderecha tiene ganas y vía libre para poder hacerlo.

En ningún momento se han molestado en interpretar lo que la artista ha querido decir con dicho título a su álbum y cartel: porque lo que palabra “PUTA” representa para la autora es la historia de una mujer, como tantas otras, que ha sufrido acoso, bullying, maltrato e incluso violaciones; como bien dice Zahara lo que pretendía con el título era hacer sentir la incomodidad y que el lector comprendiera como se siente cualquier mujer que se ve envuelta en una cultura patriarcal y machista. A lo mejor es esa incomodidad lo que ha hecho que la ultraderecha, una vez más, ataque violentamente nuestras libertades.

Muy acertadamente nos recuerda la cantante en una de sus pasadas entrevistas que Nietzsche “mató” a su Dios y al de todo el mundo. Y somos muchos los que se preguntan si no será el siguiente paso de la ultraderecha mandar a quemar los libros del filósofo y de todo aquel que cuestionó o cuestione lo que se cuestionaba en la era de la quema de brujas y que pensábamos que ya habíamos superado.

El juego de la ultraderecha no nos da ni un respiro, pero lo tenemos muy calado y ningún pulso va a lograr que sigamos defendiendo por encima de todo la libertad de expresión y apostemos por ella y por todos los derechos que con tanto esfuerzo y lágrimas se ha conseguido.


Puño en Alto

20 de agosto de 2021

NORMALIZACIÓN DE LO ANORMAL

 


En esta extraña canícula que tan pronto hace calor como hace frio otoñal nos trae a esta reflexión sobre la anormalización de lo normal o, mejor dicho, la normalización de lo anormal.

En sociología se mide la salud de una sociedad o colectivo en función del grado de la normalización de lo anormal que se dé en ella. Partiendo de que se normalice lo que en otros contextos no es normal, hay quien defiende que es consecuencia de las tensiones entre las sensaciones de exceso y la carencia experimentando cada cosa en su máxima expresión, lo que finalmente es la experimentación de la totalidad sólo expresada en sus opuestos complementarios: lo institucional y lo clandestino, lo pagano y lo sacro, lo tradicional y lo moderno, la memoria y lo nuevo.

Pero no es intención profundizar en el aspecto sociológico de la normalización de lo anormal, tan solo se trata de encajar una circunstancia, entre otras muchas, que se da en la Sanlúcar del Santo Régimen que muy bien podría entenderse como una normalización de lo anormal.

No hay semana que los medios de comunicación no se hagan eco de una operación policial contra el narcotráfico en la ciudad con detenciones e incautaciones de toneladas de droga o desmantelamiento de plantaciones ilegales o se encuentren narcolanchas varadas en cualquier playa. La indiferencia social más o menos generalizada ante este grave problema social y económico empieza a dar señales del fenómeno de la normalización de lo anormal. Del mismo modo, la pasividad de los partidos, con honrosas excepciones, también contribuye de forma decisiva a lo mismo. Salvo para restarle importancia, al alcalde de la Sanlúcar del Santo Régimen no se le ha podido escuchar alguna preocupación por el avance y por la socialización del narcotráfico, sobre todo, en esa alejada y castigada barriada de la ciudad, donde precisamente suele obtener buenos resultados electorales. 

Hay quien considera este hecho como deliberado para que no se vea más manchada o perjudicada la imagen de la ciudad. Si esto fuera cierto, sería de una irresponsabilidad manifiesta, ya que estaría anteponiendo una supuesta preocupación por la imagen de la ciudad a la seguridad, a la salud pública de la misma y a una convivencia en paz entre los ciudadanos. Por otra parte, si estuviera preocupado por la imagen de la ciudad, no la mantendría en el estado de abandono generalizado en que se encuentra. 

Se desprende, por tanto, que debe haber otras consideraciones que justifique el desinterés y desidia por este grave problema que viene lastrando a la ciudad y que en gran parte empieza a condicionar la calidad de vida de los ciudadanos. Porque de otra manera no se entiende que durante años se haya mantenido a ese delegado de esa alejada y olvidada barriada, a pesar, de sus conocidas relaciones peligrosas y que recientemente lo haya sustituido por ese otro no con menos comprometidas amistades y actitudes.

En esta Sanlúcar de Santo Régimen, da la impresión que ante el auge del narcotráfico en la ciudad hay quien está interesado en hacer ver que no existe el problema obviándolo o restándole importancia lo que supone una pretendida normalización de lo anormal del grave problema, probablemente para esquivar preguntas, para evitar contradicciones, para no errar más de la cuenta, para contar votos, para escapar del problema o simplemente porque se es parte del problema y hay quienes están dispuestos en aceptar pulpo como animal de compañía.

Bien podríamos terminar esta sucinta reflexión citando al filósofo neerlandés de ascendencia hispano portuguesa de mediados del siglo XV, Baruk Spinoza, cuyo pensamiento tuvo una gran influencia en el pensamiento occidental y, más específicamente, en la manera en la que sus contemporáneos empezaron a interpretar la realidad: “los hombres no tienen la obligación de vivir según las leyes de un espíritu sano más que un gato de vivir según las leyes del león”. 

Lo peor que le puede ocurrir a una sociedad paralizada por la impotencia o el temor es caer en el trampantojo de quien le interesa normalizar lo anormal. Mucho de esto está ocurriendo en la Sanlúcar del Santo Régimen. 



Puño en Alto


13 de agosto de 2021

DE LA CARCAJADA A LA HILARIDAD

 


¿Recuerdan aquello que en su día dijo el alcalde la Sanlúcar del Santo Régimen del por qué su apoyo al que a la postre fue ganador las primarias de su partido a nivel andaluz que originó una rotunda carcajada en no pocos rincones de la ciudad? Pues lo ha vuelto a hacer. Al parece necesita repetírselo para creerse sus propias mentiras, cosas de la patología de los mentirosos compulsivos.

De nuevo ha sido en otra entrevista masaje, no sabemos si en esta ocasión ha habido final feliz, en ese libelo semanal que subsiste gracias a la subvención municipal y a la publicidad institucional en sus páginas que tan generosamente paga el Ayuntamiento y que el folleto periódicamente responde agradecido con este tipo de entrevista de la mano de la redactora especialista para estos casos, ya que la continuidad de su puesto de trabajo depende de su abnegado masajismo. Entre mediocres anda la cosa.

Sin despeinar el poco pelo que le queda el susodicho afirma que en las primarias apostó por quien representa una necesaria renovación en el partido. Todo el mundo sabe que apoyó al nuevo secretario general, traicionando a la “Sultana”, porque después de contar los cañones le salió que este tenía más que aquella y porque sabía que si no apoyaba al ganador le quedaba un cuarto de hora al frente de su partido en la localidad y, por ende, en la alcaldía. 

Se lamenta de que su partido había perdido el pulso de la calle y de ahí que se necesitara una renovación no solo en personas sino también en ideas. Lo dice quien lleva viviendo de la política desde 2007 y quien nunca se le ha visto en las calles y plazas junto a ningún colectivo o ciudadanos en general que reivindicaran algo. Su manera de estar en la calle se caracteriza por la compra de voluntades y cuando no ha podido comprarlas, el ostracismo y el ninguneo, en el mejor de los casos, ha sido la respuesta. Jamás ha participado en ninguna concentración a favor de la sanidad y educación públicas ni muchos menos en apoyo de las demandas de las organizaciones ecologistas, por ejemplo.

Lo dice también quien ha convertido a su partido en la localidad en mera marca electoral, ya que virtualmente es una conocida ONG la que provee los cargos municipales ya sean electos o no a cambio de conocidas prebendas salariales y de un trato peculiar a la entidad. De la misma manera, el respeto de lo público lo demuestra con la privatización de todos los servicios públicos posibles para una vez privatizados olvidarse de ellos, salvo para extender el clientelismo político.

Para el alcalde de la Sanlúcar del Santo Régimen el municipalismo que ahora quiere recobrar, como pieza clave de la renovación de su partido, es el que pasa exclusivamente por el clientelismo, que refuerce su red clientelar, el premio a colectivos dóciles y castigo a los reivindicativos y sus concejales son válidos no por el éxito en su gestión, sino más bien si contribuyen de manera decisiva a que continúe él en el sillón de la alcaldía.

Admitiendo por pasiva que la celebración del V Centenario de la primera vuelta al mundo es un fiasco, que nada provechoso va a suponer para la ciudad, ahora vuelca toda su esperanza en lo de Capitalidad Gastronómica con la que pretende seguir mintiendo y hacer ver que hace algo por la ciudad.

Por cierto, como es normal en este tipo de seudo entrevistas nada se le peguntó sobre el grave problema del narcotráfico en la ciudad, a pesar de que no hay semana que una nueva operación policial con detenciones e incautaciones de droga acapare las portadas de toda clase de medios de comunicación.

Al margen de referencias a lugares comunes propias de su mediocridad y otras consideraciones como las loas a su predecesora en el cargo, ahora responsable de la Diputación, la citada entrevista masaje es todo un compendio de cinismo propio de un político mediocre que, a buen seguro, ha hecho pasar a no pocos ciudadanos de esta Sanlúcar de Santo Régimen de la sonora carcajada a la hilaridad pasando por la indignación sin solución de continuidad y de un lamentable ejemplo de un periodismo a la carta que causa sonrojo ajeno y que tanto cuesta a los ciudadanos.


Puño en Alto

10 de agosto de 2021

LA JUSTICIA, UN CACHONDEO QUE NO CESA

El descrédito de la justicia a cualquier nivel no es una apreciación subjetiva, todo lo contrario. Desde la más alta magistratura, Tribunal Constitucional (TC), hasta el más recóndito y anónimo de los juzgados de Primera Instancia e Instrucción pasando por el Tribunal Supremo, Audiencia Nacional, Tribunales Superiores de Justicia, Audiencias Provinciales resoluciones tras resoluciones o sentencias judiciales provocan escepticismo, hilaridad y hasta sonrojo entre la mayoría de los ciudadanos.

Una justicia que dependa del juzgado, tribunal o del juez o de ante mano se sepa la resolución judicial o sentencia según en qué instancia judicial se dirima la causa, poco tiene que ver con la justicia y sí mucho con la discrecionalidad o con el pensamiento ideológico o moral de quien debe aplicar la justicia. Aquel juez o componentes de un tribunal que antepongan sus convicciones políticas, ideológicas o morales a una aséptica interpretación de la norma a la hora de dictar sentencia se descalifica como tal y deben ser irremediablemente apartado de la judicatura. Con esto no estamos impidiendo que los jueces tengan convicciones, sino que dichas convicciones no pueden ni deben influir en sus sentencias y resoluciones judiciales.  

A todo esto, hay que añadir que la secular falta de inversión en la administración ha incrementado un problema endémico en nuestro sistema: la lentitud de la Justicia, ocasionando sobrecarga de trabajo de los Juzgados, que lleva a algunos de ellos a una auténtica situación de colapso. 

Existe una aparente contradicción entre la necesidad de celeridad y eficacia de la justicia, y la necesidad de defensa y garantías de los acusados. Ante esta contradicción se extiende el clamor por la reforma de las leyes. 

Conocida es la afirmación del presidente del Tribunal Supremo en el sentido de que las leyes que regulan los procesos penales en España están previstas para los “robagallinas”, pero no para los grandes defraudadores. Para estos casos suele pasar hasta más de diez años desde que cometieron los hechos delictivos hasta que la condena ha sido firme.

Frente a la corrupción, frente a los delitos complejísimos de los que no roban gallinas, se suele pedir mayor rigor, más penas. A ese tipo de delincuentes lo que les frenaría no es la severidad de las penas sino la certeza de su aplicación. Delinquen convencidos de que, si son descubiertos, sus bien retribuidos defensores alargarán el proceso hasta el infinito y que, finalmente, podrán eludir los rigores de una condena efectiva.

Si los doctos letrados y de supuesto reconocido prestigio componentes del Tribunal Constitucional tardan más de 16 meses en dictar sentencia en relación con recurso presentado de inconstitucionalidad acerca de ciertos aspectos del Estado de Alarma, sabiéndose de antemano el resultado 6 a 5 de los letrados componentes del máximo tribunal, refleja meridianamente lo anterior dicho. Del mismo modo, no se puede entender que sobre la misma causa, esto es, sobre la petición de toque de queda por las administraciones autonómicas, tengan resoluciones dispares en los Tribunales de Justicias autonómicos, sabiéndose cuál iba a ser la resolución en función de la adscripción política de los jueces que componen dichos tribunales.

Cabe terminar afirmando que, para colmo, la justicia no es igual para todos y en nuestro país hay ejemplos que así lo demuestran y no hay mejor forma de mostrarlo con el pensamiento de aquel filósofo griego: “Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales”. En este sentido hay que entender que la hermana del rey se salvará de una condena que la llevará a la cárcel como a su marido, que al rey emérito no se le haya procesado por delito alguno en nuestro país y, más recientemente, que un juez de la Audiencia Nacional tras escuchar las conversaciones grabadas del excomisario Villarejo no encuentre motivo para imputar a Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal en el llamado caso Kictchen, por ejemplo.

Todo ello, hace aumentar entre los ciudadanos la creencia de que la Justicia es un cachondeo donde se dirimen otros asuntos ajenos a las causas que se traten y de ahí las resoluciones tan dispares y contradictorias, en la que jueces de manera arbitraria suelen volcar sus convicciones ideológicas o morales y en la que el principio de que todos somos iguales ante la ley brilla por su ausencia. 

Lo dicho, un cachondeo que no cesa.


Puño en Alto

7 de agosto de 2021

8764, UNA FÚTIL LLAMADA A LA ESPERANZA

 

Según la RAE, la numerología es la práctica supuestamente adivinatoria a través de los números o el estudio del significado oculto de los números. Se trata de una seudociencia metafísica que pretende establecer una relación oculta entre los números, los seres vivos y las fuerzas físicas o espirituales. 

En numerología, se dice que los números son uno de los conceptos humanos más perfectos y elevados. Según los que la practican, la numerología es la disciplina que pretende investigar la «vibración secreta» de ese código y enseñan a utilizar los números en su beneficio, por medio del estudio de su influencia sobre personas, animales. 

Según los numerólogos, los números son mucho más que una forma de medir o cuantificar lo que existe a nuestro alrededor. Pitágoras, en el año 530 a. C. creía que el universo debe ser visto como un todo armonioso, donde todo emite un sonido o vibración. Los números del 1 al 9 están asociados a características específicas, que juntas abarcan toda la experiencia de la vida. Llegó a desarrollar de forma metódica una relación entre los planetas y su «vibración numérica». La denominó «música de las esferas». Mediante su método de numerología afirmó que las palabras tienen un sonido que vibra en consonancia con la frecuencia de los números como una faceta más de la armonía del universo y las leyes de la naturaleza. 

A lo largo de los siglos la comunidad científica, para mal de los numerólogos y sus seguidores, ha ido relegando a la numerología a la categoría de superstición, de tal manera que hoy en día la numerología es a las matemáticas, lo que la astrología a la astronomía o la alquimia a la química.

El campo de las creencias está abierto y en la Sanlúcar del Santo Régimen lo saben bien y por eso se está abriendo un pensamiento con cierto fundamento en la numerología. Dicho pensamiento establece un significado especial a un número, el 8764, que en realidad no es un número como tal, sino la conjunción de una serie de dígitos en relación a un resultado.

Según algunos, este número encierra el significado oculto referente a un cambio en la ciudad y en el devenir de su futuro en cuanto a lo económico, lo político y social. Es tal la creciente creencia que, aunque más bien llevado por una necesidad perentoria o desesperación que por una verdadera creencia, en este número se encierra un augurio que sacará a la ciudad del negro pozo en que se encuentra desde hace muchos años.

Tradicionalmente, cuando una sociedad se encuentra acogotada sin presente ni expectativa de un futuro mejor, suele agarrarse a algo, aunque sea un clavo ardiendo. Esta y no otra es la situación en que se encuentra la Sanlúcar del Santo Régimen y, es por ello, que vaya creciendo una fe ciega en el significado oculto que pueda encerrar los dígitos que forman el citado número.

Fruto de la desesperación está creciendo la creencia en este número a modo de sortilegio ante una situación que lejos de cambiar a mejor tiene todas las vises de empeorar. En el colmo del paroxismo de la superchería hay quien está recurriendo a una manipulación pretendidamente inteligente de los hechos o acontecimientos mediáticos que propicien resultados beneficiosos dejando en manos del azar el cambio que ampliamente se demanda en el pueblo y, de ahí, que torticeramente propongan que desde el 1 de enero de 2023 se compren boletos de cuantos sorteos haya con el número de marras.

En cualquier caso, en el número 8764 no hay magia ni mucho menos significado oculto, tan solo una demanda colectiva desesperada e inane de mejorar y que desaparezcan de una vez por todas los artífices y sus cómplices acólitos de la rémora económica y social que lastra el presente y futuro de esta castigada Sanlúcar del Santo Régimen.


Puño en Alto

3 de agosto de 2021

DESPUÉS DE LA PANDEMIA, MÁS DE LO MISMO



 Produce tristeza y desasosiego ver que tanta desgracia y tanta penuria no han servido para nada. Escuchar a politiquillos de tres en cuarto como el chico de los recados de la Junta de Andalucía, Juan Marín, decir que solo el turismo nos sacará de esta, produce esa tristeza y ese desasosiego.

La pandemia, además de originar pérdidas personales y sufrimientos, ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestro sistema público de salud. Creíamos que teníamos un robusto sistema sanitario, de los mejores del mundo como tantas veces así se nos hacía creer, y lo cierto es que no es así. 

Las comunidades autónomas, en general, aprovechando sus competencias en materia sanitaria han ido progresivamente recortándola de tal manera que los treces sistemas de salud pública en modo alguno han mejorado el conjunto originario. Esta realidad y sus consecuencias no están sirviendo para repensar el sistema y mucho menos para dejar de perpetrar recortes y aumentar las inversiones para robustecer un sistema de salud pública que ya estaba dando inequívocas señales de ineficacia y que la pandemia no ha hecho más que acelerar su decadencia e ineficacia.

Así, los politiquillos de corta de miras que no ven más de allá de sus narices y que su preocupación es salvar su culo y su supervivencia política, nada dicen sobre inversiones en Sanidad, en recursos humanos y materiales, sobre todo en atención primaria. Esto produce desasosiego, porque nada hace pensar que lo que ha ocurrido no vuelva a ocurrir.

Otro aspecto que la pandemia ha puesto de manifiesto es la debilidad de nuestro sistema productivo. Estamos sufriendo y padeciendo como nadie la crisis económica originada por la pandemia. Un país cuyo sector de servicios suponga algo más del 12% de su PIB, está abocado a estar en una cuerda floja continua. El Turismo, además de estacional proporciona poco valor añadido y empleo en precario, es un sector que es muy sensible a cualquier eventualidad, ya sea social, natural o política. Antes de la pandemia, el turismo en España gozaba de un considerable auge, ocasionado fundamentalmente por la inestabilidad política y social de los países del Magreb y otras zonas del mundo. La pandemia ha dado al traste con este auge. Esto no quiere decir que debamos renunciar al turismo como industria, todo lo contrario. Hay que racionalizar el sector, darle valor añadido y procurar puestos de trabajo estables de calidad. Y paralelamente, realizar las inversiones en otros sectores productivos con mayor valor añadido y más calidad en el empleo para que la principal oportunidad de empleo de jóvenes y no tan jóvenes no sea tan solo en el sector de servicios.

A ninguno de los responsables del gobierno central o de las autonomías se les puede escuchar lo de diversificar el sistema productivo aumentando las inversiones en otros sectores productivos, lo que demuestra que no han entendido, por la razón que sea, los efectos de la pandemia.

Después de la pandemia, más de lo mismo y produce desasosiego saber que seguimos en manos de quienes no saben o no quieren ponerse a pensar cómo mejorar la sanidad pública y como diversificar el sistema productivo para que no dependa tanto del sector servicios y siguen apostando por lo fácil y conocido, sin importarle lo vivido y lo que puede volver a ocurrir con la misma crudeza.

Lo que dice el también conocido como el Torrijas o tonto útil de la Junta de Andalucía mencionado anteriormente, será cierto mientras que politiquillos cortoplacistas como él tengan alguna responsabilidad de gobierno. 


Puño en Alto

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