21 de junio de 2021

MEDIOCRIDAD



La Sanlúcar del Santo Régimen lleva muchos años, demasiados, con un alcalde mediocre en el fondo y en las formas. Y aunque ser mediocre no es equivalente a ser incompetente, en el caso que nos ocupa, también es un pésimo gestor porque ante problemas inmediatos tiende a buscar soluciones inmediatas, que excluye cualquier pensamiento a largo plazo, esto es, hace suyo el cortoplacismo, algo muy propio de los políticos mediocres. Y cuando no, recurre a eludir su responsabilidad volcándolas en terceros.

Se trata de un político mediocre al que no se le puede determinar su pensamiento político ni ideología, ya que desarrollar iniciativas acorde con ellas nunca ha estado ni estará en el centro de su interés ni ocupación. Su escasa talla política la pretende compensar con el “ordeno y mando”, recurso muy propio de mediocres.

Su mediocridad le ha llevado a convertir a su partido en la localidad en una agencia de colocación donde abundan los arribistas y abraza farolas cuyo interés no va más allá de encontrar cobijo económico o laboral, lo que hace que inevitablemente sean miopes para interpretar la realidad social de la ciudad. Ha corrompido la esencia ideológica de su desdibujado partido en la localidad y, por ello, sin pestañear gobierna como gobierna y con quien gobierna. Paralelamente, ha convertido a una ONG en un seudopartido, pieza fundamental del clientelismo y la abrumadora red clientelar que lleva tejiendo desde hace años desde dentro y fuera del consistorio. Como todo mediocre, necesita de unos medios de comunicación que enmascare sus déficits éticos y morales y compense su mediocridad política.

Es igualmente propio de mediocre, emplearse implacable con los débiles, así como, sumiso y complaciente con los fuertes, de la misma manera que no duda en arrimarse a la corriente de su partido no por afinidad ideológica sino por apoyar a quien cree que va a ganar en la contienda interna, al mejor estilo cuenta cañones. 

El caso del actual alcalde de la Sanlúcar del Santo Régimen es una pieza más de la mediocridad política, salvando algunas excepciones, en la que lleva años sumida. Y es que, por el Pleno municipal ha pasado lo mejor de cada casa, entre ellos corruptos, arribistas, vendedores de humo, vividores, oportunistas, caraduras, sinvergüenzas, manipuladores, aprovechados, golfos, sacacuartos y hasta zampabollos, sin olvidar a los tránsfugas de todo pelaje, como esos que siguen actualmente en el pleno perdiendo la dignidad personal por un mísero plato de lentejas, gracias a que no reciben el reproche generalizado del pueblo. Una anormalidad democrática muy normal en su particular escala de valores.

Un compendio de personajes mediocres en lo político, mediocres en lo ético y moral y este alcalde tiene la virtud de aglutinar en su persona todo ello, llevándose la palma de la mediocridad, la palma de la incompetencia, de la nulidad e ineptitud, la palma de la insensibilidad social y la palma de la cara dura y de la desvergüenza.

La creciente decadencia económica y social de la Sanlúcar del Santo Régimen, mucho tiene que ver en gran parte con la mediocridad de sus gobernantes, pero es cierto que la laxitud, complacencia y conformismo en la que esta sumido el pueblo favorece que lleve años siendo gobernada por un mediocre y una camarilla de paniaguados.

En cualquier caso, parafraseando a Jorge Luis Borges, se puede decir que los políticos caminan hacia el anonimato, solo que los mediocres se empeñan en llegar antes.


Puño en Alto

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