30 de marzo de 2021

SANTO RÉGIMEN, VERSIÓN SINDICAL


 

En la Sanlúcar del Santo Régimen, una sentencia judicial por la cual se obliga a una empresa municipal local a reconocer la antigüedad a una trabajadora y la asombrosa reacción que han tenido los dos sindicatos dominantes en su comité de empresa, ha puesto de manifiesto, cuanto menos, el anómalo funcionamiento de dicha empresa.

La citada sentencia ha demostrado la inoperancia de esos sindicatos que controlan el comité de empresa y su sumisión al equipo de gobierno o más bien al socio mayoritario del mismo, porque el otro pinta poco. Ambos sindicatos, en vez de exigir a la dirección de la empresa que hagan extensible la sentencia a todos los trabajadores y trabajadoras que puedan estar afectados, han arremetido contra la trabajadora que ha luchado en defensa de sus derechos, y contra otra organización sindical que ha defendido a la trabajadora.

En su sin sentido, en un comunicado, representantes de esos seudo sindicatos afirman que la trabajadora ha actuado de mala fe al acudir a los tribunales en defensa de sus derechos. Para estos seudo sindicatos, acudir a los tribunales de justicia como último recurso para que le reconozcan, no un privilegio, sino un derecho es actuar de mala fe. Han debido olvidar, si alguna vez lo supieron, esa máxima sindical que dice que los derechos no se negocian, se exigen. Solo el clientelismo y disfrutar de determinados privilegios pueden explicar su actitud.

Defender, como lo hacen, a un siniestro personaje que tiene sentencias firmes, nada más y nada menos, por delitos contra los derechos fundamentales de los trabajadores, ya lo dice todo sobre el sindicalismo que defienden estos seudo sindicatos.

Son los mismos seudo sindicatos que justifican una impensable desigualdad de género en los contratos y salarios. Dicen no querer que la política se inmiscuya en su labor, pero se comportan como correa de transmisión haciendo suyas las críticas del equipo de gobierno contra la oposición política. De ahí que arremetan también contra aquellos consejeros del Consejo de Administración que en cumplimiento de su obligación (que no son todos) han denunciado el atropello que ahora la justicia ha resuelto y por exigir que la sentencia se aplique a todo trabajador en la misma situación, así como, que las dependencias no sean utilizadas para otros menesteres que los propios de la empresa.

Se trata de una empresa municipal a la que desde la corporación local se deja funcionar a modo de un chiringuito en todos los sentidos, mientras que el clientelismo campante en ella no deje de beneficiar a los socios de gobierno en la medida que hayan pactado el reparto del botín. Las amenazas, las represalias y la postergación es la praxis general para quienes osen poner en duda sus prerrogativas y decisiones y esos dos seudo sindicatos no solamente lo consienten, sino que lo fomentan.

En esta ciudad desde la corporación local se logra que algunas personas, colectivos, asociaciones, empresas e instituciones se comporten de manera anómala, aunque se pretenda ver que los anómalos son los que criticamos escandalizados ese nauseabundo y maloliente Santo Régimen, en este caso, en su versión sindical.


Puño en Alto


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