2 de diciembre de 2020

NI ES PÚBLICA, NI ES COMARCAL, NI ES MEDIO DE COMUNICACIÓN

 Hoy toca cumplir con el compromiso de hablar de la otra pata comunicativa sobre la que el gobierno local fundamenta su permanencia en el poder local y que solo llegue un solo discurso a la ciudadanía: hablaré de la televisión pública comarcal. Televisión que ni es pública, aunque se mantiene con dinero de todos, porque está al servicio de una minoría, ni es comarcal, porque está centrada casi en exclusividad en nuestra ciudad. Una aparente paradoja que se resuelve con tan solo conocer sus verdaderos fines.

Decía el filósofo francés Jean François Revel, no exento de razón, que la televisión es la violación de las multitudes y que es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural.

No he podido encontrar más oportunas reflexiones para referirme a la televisión pública comarcal que más que disfrutar, sufrimos o padecemos. Efectivamente se trata de un medio desde el que, de forma constante, se viola la inteligencia colectiva de los ciudadanos y refleja una derrota del sistema cultural como consecuencia del nivel cultural de quienes tienen responsabilidad de gobierno y se benefician de ella. Un ente público que su única razón de ser es servir a la causa del gobierno local, causa absolutamente reñida con el interés general, la información imparcial y objetiva, así como, con una verdadera difusión cultural.

Desde este costoso medio para las arcas municipales se difunde sin complejos una realidad sesgada de la ciudad que poco o nada se compadece con la verdadera realidad, todo ello aderezado con alta dosis de chabacanería y poco rigor informativo y comunicativo.

De esta manera y sirvan de ejemplos, teniendo nuestra ciudad una de las mayores tasas de desempleo, de pobreza y exclusión social del país y múltiples carencias de todo tipo de infraestructuras, nunca encuentra hueco en la programación televisiva reflexión alguna al respecto para poder ofrecer de manera imparcial las causas de esos datos. Siendo cada vez más evidente los efectos del narcotráfico, tampoco encuentra hueco en su parrilla para reflexionar el porqué de este avance dan dañino para la ciudad en todos los ámbitos, ya sean político, social, económico y hasta mediático.

La difusión cultural en dicho medio, que debe ser su principal misión, se circunscribe a una sobredosis de eventos deportivos, religiosos y taurinos, así como, a unos programas enlatados de dudosa rentabilidad cultural y social y en no pocas ocasiones alejados del buen gusto.

Qué duda cabe que los responsables de este despropósito de televisión pública comarcal son los que, instalados en el despacho municipal, la dirige desde la sombra y la mano ejecutora de esas directrices, alguien que demuestra sus pocos escrúpulos día sí y día también.

La mano siniestra que manipula la realidad que aparece en las pantallas de los televisores de los hogares a su antojo y exclusivo interés personal, ya saben los ciudadanos a quien pertenece, más que nada porque padecen su manifiesta incompetencia en la gestión de la ciudad y la mano ejecutora pertenece a quien no duda utilizar una institución de noble objeto social para beneficio propio y como red clientelar para el anterior, muy probablemente como pago del mantenimiento de su cargo.

Un medio de comunicación que se presta al servicio de manipular la realidad, deja de ser medio de comunicación para ser otra cosa y un supuesto profesional de la comunicación que agradece su cargo con servidumbre y pleitesía a la causa dentro y fuera de ese medio de comunicación, deja de ser profesional para ser otra cosa, que no nombro por pudor.


Puño en Alto

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