23 de diciembre de 2020

DOBLE Y COMPLEMENTARIO EQUIPO DE GOBIERNO LOCAL

 



Cada día que pasa es más evidente la existencia de un doble equipo de gobierno, conformando las dos caras de una misma moneda. Uno formado por el PSOE, el que manda, ordena y determina lo que se hace y que se deja de hacer. Y otro, dócil y complaciente que ha asumido el papel de acompañante desde la más innegable sumisión, asumiendo fieles y serviles todos los desmanes del primero.

El alcalde de Sanlúcar de Barrameda, Víctor Mora, necesitaba un socio de gobierno manso y servicial para cuatro años sin sobresaltos ni exigencias de cambios en ningún aspecto y a la sazón lo encontró en Cs de Javier Porrúa y compañía. Mora ya convirtió a lo largo de los años al PSOE local en la herramienta eficaz de garantizar su permanencia en el sillón de alcaldía y, por ende, en su sustento económico personal, abandonando todo proyecto de ciudad y apartando todo aquel que desde dentro del PSOE pudiera cuestionar su mandato por ello. Ha convertido a la llamada Casa del Pueblo (menudo eufemismo) en un antro de conjunción de intereses personales y económicos muy lejos de un partido democrático con vocación de mejorar y modernizar la ciudad. Un PSOE local a imagen y semejanza de Mora, en el que no hay debate ni autocritica, solo abnegación y quien discrepe sufre las consecuencias del ostracismo y el castigo. Aquellos militantes verdaderamente socialistas con vocación de hacer políticas de izquierda lejos deben estar ya de esa casa.

Si algo sabe hacer bien el alcalde y su reducido núcleo de adláteres y palmeros es detectar las carencias y necesidades de quienes de los demás para utilizarlas en su estricto provecho. Y con Cs Sanlúcar no iba a hacer menos. También es cierto que ese partido se lo has puesto bastante fácil, evidentes eran y son sus carencias y necesidades colectivas y personales.

Marín dejó en Cs Sanlúcar una impronta que los que le sustituyeron o no han sido capaz de abandonar o no le han interesado abandonar. Esa impronta no es otra que utilizar la política como sustento económico y como ascensor social y si para ello hay bajar la cerviz, se baja a la espera de la estocada y mientras no llega que me quiten lo bailado.

Los vanos intentos de Porrúa y compañía de parecer la cara amable del gobierno local ya no cuelan, y debería saber que de los tontos útiles no se escriben nada, solo se denostan y se olvidan.

En Víctor Mora y en Javier Porrúa no hay ni podrá nunca ver una idea ni modelo de ciudad, ni mucho menos la intención de mejorar la ciudad. Tan solo la oportunidad de vivir bien y hacer vivir muy a bien a unos cuantos privilegiados acólitos y arribistas y si para ello, hay que utilizar todo lo que haya que utilizar, se hace porque su lema no es otro que aquel que Marín dejó bien grabado en el frontispicio de la formación política naranja, que dice que con las cosas de comer no se juega.

En definitiva, un doble equipo de gobierno, cuyas partes se complementan y encajan a la perfección y aunque puedan desconfiar una de otra, jamás llegará la sangre al rio, se hayan repartido el pastel de los intereses proporcionalmente, o no. Y Mientras, la ciudad al pairo de los acontecimientos y eventualidades, esto es, abandonada a su suerte.


Puño en Alto

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