12 de octubre de 2020

¿POR QUÉ LLAMARLE MUNICIPALISMO CUANDO SE TRATA DE POPULISMO O ELECTORALISMO?

 Del término municipalismo se está haciendo un cierto abuso, incluso incompatibles y contradictorios. No se puede entender como municipalismo toda realidad política que acontece dentro de los límites físicos de un término municipal, principalmente porque, tal como defienden algunos, no todo lo municipal es municipalista.

Recalificar terrenos para que un constructor, amigo o no, emprenda el proyecto de una macro urbanización dentro de los límites de un municipio, haga un negocio redondo en forma de política municipalista de vivienda, destruyendo zonas protegidas, sin tener en cuenta que las graves consecuencias medioambientales no pueden estar supeditadas a unos determinados beneficios económicos, máxime cuando los perjuicios medioambientales pueden sobrepasar dichos límites locales, nada tiene que ver con una verdadera política municipalista. Es lo mismo que un alcalde, que después de llevar años regando redes clientelares, pretenda vender los presupuestos como municipalistas porque el 0,5% del mismo se ha establecido de manera compartida con los vecinos.

Si en una población muy cercana a un municipio existe un centro comarcal, de reconocido prestigio nacional e internacional, que presta servicios de atención temprana a niños con problemas con novedosas terapias y el alcalde de este municipio decide crear un centro municipal de atención temprana a través de la concesión a una supuesta fundación sin ánimo de lucro con la excusa de que así las familias afectadas no tendrán que desplazarse a esa población que dista apenas 20 kilómetros, por mucho que lo quiera vender como una iniciativa para mejorar la calidad de vida de la treintena de familias afectadas, poco o nada tiene que ver con una auténtica política municipalista y sí con una política populista, máxime si tiene que recurrir a la consabida creación de empleo como argumento a favor de la iniciativa.

Son ejemplos que reflejan de forma meridiana la perversión del término municipalista que hacen algunos gobiernos locales, que más tienen que ver con un populismo provocado por el miedo en el cuerpo creado por unos exiguos resultados electorales o por otras razones aún peores, que algunos lo denominan como capitalismo de amiguetes o ambas circunstancias a la vez.

Entrar en estas prácticas es abrir un camino en el que se sabe como empieza, pero nunca como se acaba y, en tal caso, nunca bien, sobre todo para los ciudadanos.

A buen seguro que algunos de mis posibles lectores querrán identificar estos ejemplos con lo que viene ocurriendo en un pueblo gaditano de la Costa Noroeste, feudo tradicional de la izquierda y que elecciones tras elecciones, más por deméritos de los dirigentes de esta izquierda local, que por méritos de los grupos de la oposición, va perdiendo apoyo a pesar de la inequívoca idiosincrasia izquierdista de la población. En 2019, el partido que gobierna ganó las elecciones municipales con una diferencia de poco más de 200 votos con los socialistas. Y estos resultados, en vez de servir de reflexión para su alcalde y concejales de gobierno y, por ende, su partido, han decidido abandonar el municipalismo propio y diferenciador de la izquierda real, para entrar en un populismo efectista y electoralista que no presagia nada bueno para el pueblo y el proyecto de izquierda transformadora que dicen preconizar.

En definitiva, el término municipalismo, vaciado de su verdadero contenido, se viene utilizando en gran medida como salvoconducto con el que se pretenden proteger a la vez de cargar de razón por quien lo usa, cuando en realidad es populismo cuando no, puro electoralismo.

En cualquier caso, el municipalismo no es ni la panacea desde donde poder hacer frente a los problemas económicos y sociales locales, ni el último recurso como lucha contra la ofensiva neoliberal, ni tampoco la excusa perfecta desde donde acometer iniciativas de dudosa rentabilidad para el interés general.


Puño en Alto

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