15 de agosto de 2020

SALVAR AL SOLDADO FELIPE COMO EXCUSA

 

Imagen del artículo en Nueva Revolución

No voy a redundar en lo dicho ya por activa o pasiva respecto a la “tocata y huida” del todavía rey emérito, que me ha hecho recordar aquella serie británica de los 80 llamada “The fall and rise of Reginald Perrin” (El auge y caída de Reginald Perrin) en la que se narra la alienación y crisis personal de un individuo con el consabido humor británico, serie que recomiendo que rescaten a los posibles curiosos. Para no cansarme y ni cansar a nadie, obviaré las andanzas del emérito ni elucubraré en su posible paradero ni los motivos de la elección del mismo.  Eso no debe entenderse que renuncie a ver al interfecto y a sus cómplices necesarios dando explicaciones en los tribunales de justicia cuánto antes, todo lo contrario, devolviendo todo lo que legalmente tenga que devolver al fisco español respecto a la fortuna que ha ido amasando usando fraudulentamente la máxima representación del Estado.

Quiero reflexionar algo sobre lo que supone la campaña política y mediática puesta en marcha, que he creído conveniente denominar, renunciando a todo alarde imaginativo, como “salvar al soldado Felipe”.

Esta campaña no pretende, o tal vez también, defender o aislar al actual monarca de su connivencia por acción u omisión de las posibles fechorías llevadas a cabo por su progenitor y del que heredó la jefatura del Estado. Esta campaña, lo que pretende realmente es defender un estatus quo en el que están involucrados intereses económicos, políticos y sociales muy poderosos que en modo alguno quieren ver su situación de privilegio puesto en solfa ante un coyuntural nuevo proceso constituyente, si la situación de desmoronamiento de la institución monárquica sigue en su declive manifiesto. Entendido esto, salvar la imagen y la figura del Rey Felipe VI, en cuanto a su honradez, honestidad y ejemplaridad, poco defendible a juzgar los hechos y sus actuaciones desde que se empezaron a conocer los mismos, es defender estos privilegios y no otros, no nos equivoquemos ni nos dejemos guiar por los cantos de sirenas del consenso constitucional y demás zarandajas del 78, que dicen han dado tanta prosperidad al país.

Amortizada la presunta utilidad de la monarquía, si alguna vez la fue, es perentorio un nuevo proceso constituyente que nos haga a todos ciudadanos con derechos y no súbditos a una persona, a una familia, institución o a una bandera.

Un nuevo proceso constituyente supondría revisar a profundidad los acuerdos Iglesia-Estado en todos los sentidos. Una separación Iglesia Estado, para que la laicidad de la Administración y las Instituciones públicas sea un hecho y no una mera cuestión de intenciones.

Un nuevo proceso constituyente supondría hacer efectivo aquello que dice la Constitución en su artículo 14, sobre que todos los ciudadanos son y deben ser iguales ante la ley, con una separación real de los tres poderes del Estado, para que su desarrollo no esté al pairo de las coyunturas políticas del momento.

Un nuevo proceso constituyente supondría hacer igualmente efectivo lo que dice la Constitución en su artículo 128, sobre que toda riqueza del estado en sus distintas formas y sea cual sea su titularidad esta subordinada al interés general y no en manos de grandes corporaciones nacionales e internacionales cuyos intereses económicos chocan de bruces con el interés general.

Un nuevo proceso constituyente que blinde desde lo público los servicios esenciales como la Educación y la Sanidad como elementos de cohesión social y no estén sujetos como en la actualidad a una red clientelar desde la que se hacen negocios y se legitime privilegios.

Un nuevo proceso constituyente en la que nadie de manera efectiva pueda ser discriminado por su sexo, orientación sexual, idioma, ni por sus creencias políticas, ni religiosas.

Un nuevo proceso constituyente en el que se determine una estructural territorial en la que se respete la idiosincrasia cultural, histórica sin privilegios administrativos, económicos, políticos, ni social.

Un nuevo proceso constituyente en el que la cobertura social debe ser entendida como un derecho y no como una forma de cronificar desigualdades.

Los que no quieren que todos estos aspectos y otros tantos sean una realidad en un estado social de derecho moderno del siglo XXI, porque verían sus privilegios soslayados, son los que no quieren que la imagen del monarca actual esté en entredicho y pondrán todos los medios legales y no legales, conocidos y desconocidos, para seguir disfrutando de sus prerrogativas en este país que cada día se parece más a una monarquía bananera.

La campaña de limpieza de imagen del Rey actual no es más que una excusa para ellos y una más que evidencia del declive de la institución que encarna.


Puño en Alto

🔴 NOTA: Este artículo está publicado en 👉🏾 Nueva Revolución

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