24 de agosto de 2020

LAS MANOS DE TERESA CUESTIONAN SU CREDIBILIDAD

Imagen del artículo en La Voz del Sur


 No se equivoquen, ni esperen que en la presente reflexión me refiera a Santa Teresa de Jesús ni al relicario de la mano incorrupta de la Santa Teresa que se encuentra en la Iglesia de la Merced en Ronda, conocida también como el brazo incorrupto de la citada santa. No es mi intención provocar ni herir susceptibilidades y es por ello que hago esta aclaración, aunque si desde mi agnosticismo reconozco en la santa coherencia entre lo que decía y practicaba, lealtad con su confesión cristiana y credibilidad entre los creyentes católicos. Aunque el tema que voy a tratar es mucho más prosaico, sí tienen que ver con los mencionados valores.

Allá por Julio de 2018, a través de los medios de comunicación, Teresa Rodríguez decía que “antes me corto las manos que hacer desaparecer a Podemos Andalucía”

En 2020, en plena pandemia por Covid-19, abandonó Podemos Andalucía, después de inscribir a Anticapitalista Andalucía como partido político, para a continuación integrarse por la puerta de atrás y rompiendo el consenso de las decisiones en la plataforma electoral Adelante Andalucía, coartada perfecta para no renunciar ni ella ni los suyos a las actas de parlamentarios ni de concejales, dejando a Podemos Andalucía casi al borde de la desaparición, siendo esta para muchos muy probablemente su última intención.

No sé si Rodríguez, responsable de Anticapitalistas Andalucía y aún presidenta del grupo parlamentario de Adelante Andalucía, se ha llegado a cortar las manos, cosa que sinceramente no deseo. Lo cierto es que a ella y a los que la jalonan cerrilmente, hasta el límite de imitar su incoherente actitud y su deslealtad, poco les han importado dejar a Podemos Andalucía bajo mínimo en todos los sentidos, ya que su nuevo partido se ha apoderado, además de su espacio político, de todos los recursos organizativos, económicos y materiales de la formación morada en Andalucía, además de controlar la plataforma electoral revistiéndola de un andalucismo para ganarse la voluntad de los nacionalistas andaluces que la aplauden desaforadamente.

En cualquier caso, con manos o sin ellas, de la misma manera que su coherencia, lo que ha quedado muy cuestionada es su credibilidad personal y política, por mucho que quiera vestir el santo con eso de pretender hacer de Adelante un sujeto político propio de estricta obediencia andaluza.

Lo que algunos, a juzgar de los hechos, han querido interpretar, como de estricta obediencia a Anticapitalistas o a su persona, ya que en las actuaciones y decisiones de Teresa Rodríguez no se ha contado ni con Podemos, ni con Izquierda Unida, verdaderos fundadores de la plataforma electoral Adelante Andalucía.

En febrero de este año, la líder de Anticapitalistas Andalucía manifestaba su voluntad de no encabezar la candidatura de Adelante a la presidencia de la Junta de Andalucía, aduciendo que para que un proyecto político se consolide es deseable que no se personalice o identifique en una sola persona. Era una alusión inequívoca a Pablo Iglesias.

Ahora dice que no descarta repetir como candidata a presidir la Junta cuando vuelvan a convocarse unas elecciones en Andalucía, justificándolo con que su “contrato” es de 8 años y hasta que se cumpla ese plazo, está a disposición del proyecto colectivo que es la confluencia. Al parecer ya no importa que el proyecto político de Adelante Andalucía, que ha pervertido en el fondo y en las formas respecto al de su origen, se identifique con una persona, con el riesgo que ello conlleva.

No podemos ni debemos acostumbrarnos tan pronto a que la presidenta del grupo parlamentario de Adelante Andalucía y líder de Anticapitalistas en la comunidad autónoma andaluza, diga o anuncie una cosa, para poco después desmentirse ella misma, anunciando lo contrario, situando su credibilidad política y personal a la misma altura que ha dejado a Podemos Andalucía, sin haberse cortado las manos, hecho que insisto en modo alguno deseo.

Igualmente, ni podemos ni debemos olvidar que para Teresa y los suyos la regeneración política era una de sus señas de identidad y criticaban, no exentos de razón, el transfuguismo y la profesionalización en la política, entre otros males de la clase política actual. Sus comportamientos nada tienen que ver con aquello que decían y se asemejan bastante a aquellos que denostaban.

Un proyecto político de izquierda se tiene que basar en unos postulados netamente reconocibles como tales, así como, en la coherencia entre lo que se propone y se hace, la lealtad organizativa y la credibilidad de sus dirigentes. Teresa al salir de su casa, lamento decirlo, hace tiempo que ha decidido dejar la coherencia, la lealtad y, por ende, su credibilidad abandonadas a modo de relicario en un oscuro y profundo rincón de su trastero.


Puño en Alto

17 de agosto de 2020

EL ‘dontancredismo’ PODEMITA ANDALUZ

 

Imagen del artículo en La Voz del Sur

Don Tancredo fue un personaje que se hizo muy popular en la primera mitad del siglo XX al ejecutar una suerte taurina conocida por su nombre y que consistía en esperar impávido al toro a la salida del chiquero subido en un pedestal vestido de blanco. Se hizo muy famoso por su valentía hasta que un día el toro se lo llevó por delante acabando con su popularidad.

En política se ha acuñado el término de dontancredismo referido a la actitud de no hacer frente a los problemas y esperar que con ayuda del paso del tiempo los problemas se solucionen solos. Es a Mariano Rajoy a quien más se le reconoce esta actitud, que al igual que el personaje referido, fue víctima de la misma, afortunadamente. Otro ejemplo manifiesto de dontancredismo, para desesperación de sus votantes y militantes, es el que representa el socialista Ángel Gabilondo en la Comunidad Autónoma de Madrid, a quien se le achaca una oposición inane e impasible de la que se beneficia las derechas en el gobierno.

La falta de reacción de lo poco o mucho que queda de la formación política Podemos Andalucía después de haber sufrido lo más parecido a una OPA hostil por buena parte de su militancia y representantes institucionales hasta el punto de quedarse sin representantes parlamentarios en el Parlamento Andaluz, sin concejales en muchas corporaciones locales y, por tanto, sin recursos materiales, económicos y humanos, y siendo prácticamente desalojado de la marca electoral de la que fue fundador junto a IU Andalucía, bien que la podríamos enmarcar en un incomprensible dontancredismo.null

Se esperaba que después del impasse o chock que supuso la renuncia y marcha de Teresa Rodríguez, dando un portazo llevándose todo puesto incluso el acta de parlamentaria, la nueva dirección de Podemos Andalucía se pusiera las pilas y de alguna forma diera cuenta de lo acontecido, señalando con nombres y apellidos los artífices de esta maniobra política de la que a buen seguro saldrá perjudicado esa mayoría social que tanto necesita una referencia política inequívoca exenta de eslóganes oportunistas y de un nacionalismo andaluz cuasifolclórico cuya traslación política ha fracasado en cuantas intentonas ha tenido en el pasado. 

Romper una organización política para montar otra y adueñarse por la puerta de atrás de una marca electoral, aderezándola a modo de distinción con coloridos trajes de faralae, debe tener cumplida respuesta desde lo político cuanto antes, de lo contrario nada ni nadie entenderá lo que pudo significar y significa Podemos Andalucía.

Las acusaciones directas y veladas en lo político y organizativo que está recibiendo Podemos Andalucía, debe tener cumplidas respuestas que vayan más allá de compartir publicaciones de terceros más o menos acertadas de lo todo lo acontecido y sus posibles consecuencias electorales. La cronificación de los problemas desde dentro y fuera de un partido político como consecuencias de una falta de actuación sobre los mismos por la razón que sea, solo puede beneficiar a quienes hacen de la falta de coherencia y lealtad su razón de ser y a la postre a los verdaderos enemigos, que no son otros que los adalides neoliberales.

Si dicha falta de reacción es fruto de un complejo envuelto en una mal entendida responsabilidad, malo; si es debido a una incapacidad organizativa, peor, y si es debido a una estrategia dontancredista, es para bajar la persiana sin más. Aunque el tiempo si da y quita razones, nunca soluciona problemas y de ahí que muchos no entiendan el dontancredismo de la dirección de Podemos Andalucía, ni la actitud timorata de sus militantes en los pueblos y ciudades en el conjunto de la comunidad autónoma.

Situarse en un pedestal, morado en esta ocasión, autoafirmándose tan solo como la resistencia viendo venir las hostias como panes, no es suficiente cuando te han arrebatado y destrozado de la manera más ruin todo lo construido con tanto empeño.


Puño en Alto

15 de agosto de 2020

SALVAR AL SOLDADO FELIPE COMO EXCUSA

 

Imagen del artículo en Nueva Revolución

No voy a redundar en lo dicho ya por activa o pasiva respecto a la “tocata y huida” del todavía rey emérito, que me ha hecho recordar aquella serie británica de los 80 llamada “The fall and rise of Reginald Perrin” (El auge y caída de Reginald Perrin) en la que se narra la alienación y crisis personal de un individuo con el consabido humor británico, serie que recomiendo que rescaten a los posibles curiosos. Para no cansarme y ni cansar a nadie, obviaré las andanzas del emérito ni elucubraré en su posible paradero ni los motivos de la elección del mismo.  Eso no debe entenderse que renuncie a ver al interfecto y a sus cómplices necesarios dando explicaciones en los tribunales de justicia cuánto antes, todo lo contrario, devolviendo todo lo que legalmente tenga que devolver al fisco español respecto a la fortuna que ha ido amasando usando fraudulentamente la máxima representación del Estado.

Quiero reflexionar algo sobre lo que supone la campaña política y mediática puesta en marcha, que he creído conveniente denominar, renunciando a todo alarde imaginativo, como “salvar al soldado Felipe”.

Esta campaña no pretende, o tal vez también, defender o aislar al actual monarca de su connivencia por acción u omisión de las posibles fechorías llevadas a cabo por su progenitor y del que heredó la jefatura del Estado. Esta campaña, lo que pretende realmente es defender un estatus quo en el que están involucrados intereses económicos, políticos y sociales muy poderosos que en modo alguno quieren ver su situación de privilegio puesto en solfa ante un coyuntural nuevo proceso constituyente, si la situación de desmoronamiento de la institución monárquica sigue en su declive manifiesto. Entendido esto, salvar la imagen y la figura del Rey Felipe VI, en cuanto a su honradez, honestidad y ejemplaridad, poco defendible a juzgar los hechos y sus actuaciones desde que se empezaron a conocer los mismos, es defender estos privilegios y no otros, no nos equivoquemos ni nos dejemos guiar por los cantos de sirenas del consenso constitucional y demás zarandajas del 78, que dicen han dado tanta prosperidad al país.

Amortizada la presunta utilidad de la monarquía, si alguna vez la fue, es perentorio un nuevo proceso constituyente que nos haga a todos ciudadanos con derechos y no súbditos a una persona, a una familia, institución o a una bandera.

Un nuevo proceso constituyente supondría revisar a profundidad los acuerdos Iglesia-Estado en todos los sentidos. Una separación Iglesia Estado, para que la laicidad de la Administración y las Instituciones públicas sea un hecho y no una mera cuestión de intenciones.

Un nuevo proceso constituyente supondría hacer efectivo aquello que dice la Constitución en su artículo 14, sobre que todos los ciudadanos son y deben ser iguales ante la ley, con una separación real de los tres poderes del Estado, para que su desarrollo no esté al pairo de las coyunturas políticas del momento.

Un nuevo proceso constituyente supondría hacer igualmente efectivo lo que dice la Constitución en su artículo 128, sobre que toda riqueza del estado en sus distintas formas y sea cual sea su titularidad esta subordinada al interés general y no en manos de grandes corporaciones nacionales e internacionales cuyos intereses económicos chocan de bruces con el interés general.

Un nuevo proceso constituyente que blinde desde lo público los servicios esenciales como la Educación y la Sanidad como elementos de cohesión social y no estén sujetos como en la actualidad a una red clientelar desde la que se hacen negocios y se legitime privilegios.

Un nuevo proceso constituyente en la que nadie de manera efectiva pueda ser discriminado por su sexo, orientación sexual, idioma, ni por sus creencias políticas, ni religiosas.

Un nuevo proceso constituyente en el que se determine una estructural territorial en la que se respete la idiosincrasia cultural, histórica sin privilegios administrativos, económicos, políticos, ni social.

Un nuevo proceso constituyente en el que la cobertura social debe ser entendida como un derecho y no como una forma de cronificar desigualdades.

Los que no quieren que todos estos aspectos y otros tantos sean una realidad en un estado social de derecho moderno del siglo XXI, porque verían sus privilegios soslayados, son los que no quieren que la imagen del monarca actual esté en entredicho y pondrán todos los medios legales y no legales, conocidos y desconocidos, para seguir disfrutando de sus prerrogativas en este país que cada día se parece más a una monarquía bananera.

La campaña de limpieza de imagen del Rey actual no es más que una excusa para ellos y una más que evidencia del declive de la institución que encarna.


Puño en Alto

11 de agosto de 2020

LA LEALTAD, UN VALOR MENOR

 

Imagen del artículo en La Voz del Sur

En una reflexión anterior, decía que la coherencia no es un valor que cotizara en Bolsa, para reflejar de una manera gráfica que es en política donde esta coherencia suele brillar por su ausencia. Reflexión que ha servido para que algún aludido, en vez de dar razones y justificaciones de su actuación incoherente con su discurso, entrara de lleno en pretender matar al mensajero, testigo directo o indirecto de una realidad objetiva e incuestionable.

En esta ocasión, salvo aquellos que viéndose reflejados se den nuevamente por aludidos y entren otra vez a descalificar al mensajero, sin hacer alusiones expresas, pretendo reflexionar sobre la lealtad, un valor qué en lo ético y moral, no es que no esté en alza, sino más bien en un manifiesto retroceso, siendo de nuevo en el plano político donde es mucho más evidente.

Se entiende por lealtad, según el diccionario de la RAE en su segunda acepción por “un sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos o hacia alguien”.

En política, por ejemplo, nada tiene que ver con la lealtad, cuando un presidente no informa a su socio de gobierno en asuntos tan delicados como la salida del país del ex Jefe del Estado, para huir de los escándalos de sus oscuras actividades como comisionista internacional, sin que unos ni otros sepan o se atrevan a decir cual es su paradero.

Igualmente, no se comporta con lealtad, quien siendo elegido para un cargo institucional, incumple de manera flagrante lo prometido, o quien por la razón que sea abandona una formación política sin dejar su acta de representación para seguir con los beneficios que ese cargo le confiere, convirtiendo su elección en un fraude, cuando no en una decepción dentro y fuera de su electorado.  

Dejo a la libre interpretación de los posibles lectores el siguiente relato, cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia:

“Por determinadas y por legítimas o no, desavenencias internas, no en lo ideológico sino, más bien, en lo estratégico, un conjunto de militantes organizados como corriente abandona su organización política, inscribiendo su corriente como partido, para de inmediato de tapadillo, contando con cómplices necesarios, rompiendo el consenso, se adhirieren como tal a la plataforma electoral en la que estaba como miembro fundador el partido al que antes pertenecían y de manera paralela inscriben igualmente un nuevo partido con la denominación de la plataforma electoral a la que se habían adherido anteriormente. Todo ello, sin que ningunos de los cargos electos hayan puesto su acta a disposición de la organización por la que fueron elegidos, con la peregrina argumentación de que siguen en la misma plataforma electoral por la que se presentaron y fueron elegidos. Aplicando esto mismo incluso donde no se presentaron bajo esa misma plataforma electoral y sí bajo las siglas del partido que abandonaron.”

Si a las deslealtades a todos los niveles que sobrevuela lo relatado, le añadimos el fullerismo y el cainismo político, el afán de protagonismo y una más que evidente falta de coherencia política con el discurso respecto a la regeneración política que se predica de manera demagógica, sin olvidar la alevosía y falta de escrúpulo, en cuanto a los momentos en que se desarrollaron los hechos (plena pandemia), hace que nada tenga que ver con una verdadera conciencia de izquierda transformadora y motivadora de la que dicen representar.

A nadie se le puede escapar, que para los que sí creen que la lealtad es un valor insoslayable de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos y compartidos de la izquierda ideológica, se les hace muy difícil que vean a aquellos que la conceptúan como un valor menor prescindible, como compañeros de viaje recomendables para compartir un proyecto político renovador común. Son esos, los que han roto ese proyecto y el consenso, para después pretender erigirse en su único componedor, eso sí, con propuestas que no van más allá de eslóganes oportunistas en pancartas, y discursos repletos de lugares comunes, que con megáfono en ristre pregonan como únicas herramientas para hacer frente a la avalancha neoliberal que se nos viene encima. El trabajo y la elaboración de iniciativas concretas dentro y fuera de las instituciones la dejan para otros, para después pasar por el tamiz de su laxo concepto de lealtad el compromiso personal y organizativo de asumirlas, así como, de cumplirlas.


Puño en Alto

6 de agosto de 2020

BORBONES GO OUT AGAIN

Imagen del artículo en Nueva Revolución

 

Desde el punto de vista intelectual, es poco defendible la Monarquía, no menos que desde el punto de vista democrático. Que la Jefatura del Estado se obtenga, exclusivamente por haber nacido en el seno de una determinada familia, además de suponer un anacronismo impropio en una sociedad en pleno siglo XXI, no puede defenderse en ningún aspecto. Haciendo un gran esfuerzo de abstracción de lo anterior, tan solo podría considerarse su existencia en un sentido de utilidad, en cuanto a la ejemplaridad o consenso, y en el caso de nuestro país, si alguna vez fue útil la Corona en ese aspecto, no solo hace mucho tiempo que dejó de serlo, sino más bien representa actualmente un problema y a los acontecimientos que se están conociendo sobre las andanzas del todavía llamado rey emérito, me remito.

Ya no se trata de un debate entre Monarquía-República, para mi zanjada en favor de la república, a estas alturas se trata de una cuestión de higiene democrática, ya que en nuestro caso, no es que haya existido una manzana podrida en la Casa Real española a la que hay que aislar mediante medidas cosméticas, es la propia Institución la que está podrida y esta podredumbre que la carcome, a algunos de sus miembros les viene de linaje y otros enseguida la han asumido como propia.

El legado familiar que deja el ahora huido o como lo queramos llamar, lo compone una esposa consentidora adepta al buen vivir, un yerno en la cárcel por actividades corruptas, una hija salvada in extremis de pisarla, nietos con actitudes y actividades nada aconsejables, hermana con dinero en paraísos fiscales, desavenencias conyugales por doquier, un heredero y esposa que dicen que no se enteraban de nada, pero que no se entrañaban del altísimo nivel de vida de su progenitor y no ponían pega alguna en cuanto a disfrutar de lo conseguido de manera tan reprochable por su padre y suegro. Hasta el límite de que esta monarquía ha funcionado más bien como empresa familiar, con disputas, intrigas, traiciones y venganzas propias de las telenovelas de los años 80.

El otro legado de descrédito institucional de la Jefatura del Estado que deja el huido, dentro y fuera del país, tiene poco arreglo si en lo interno solo se pretende enmendarla con una campaña de imagen del actual Rey mediante una gira por el país. Gira que, a pesar de los esfuerzos de determinados medios de comunicación, ha pasado sin pena ni gloria. Y en aras a esa transparencia y credibilidad no ayuda que el presidente del gobierno conteste en rueda de prensa que desconoce el actual paradero del rey emérito. Algo que a algunos nos hizo recordar cuando al ministro de interior, el socialista Antoni Asunción, se le preguntó en rueda de prensa si sabía donde estaba Roldan y contestó que “más o menos”, que a la postre le costó la dimisión.

La operación “salvar al soldado Felipe”, que esta en marcha, en la que la salida del rey emérito de España es un nuevo capítulo a modo de cordón sanitario, tras la fallida y ridícula que representó la renuncia a la herencia y la retirada de la asignación a su padre, así como, la anterior abdicación, tiene todas las visas de fracasar, si no se acompaña con una verdadera transparencia sobre todo lo ocurrido, y quienes han tomado las decisiones en cada momento. La Jefatura del Estado del actual rey emérito esta desautorizada, la jefatura del Estado del actual rey nació desautorizada y si nada hace para evitarlo, continuará desautorizada por méritos propios.

Por ello, nada de renuncia intrascendente, nada de salida del país como último servicio al mismo y sí, a una transparente investigación sobre todos los hechos denunciados y a la asunción de responsabilidades en todos los órdenes de quien cometió los presuntos delitos, de quienes lo sabían y callaron y, por supuesto, de quienes lo ampararon por una cuestión inadmisible de inviolabilidad. Sería igualmente inadmisible que tribunales de otros países sean quienes investiguen los hechos y, como ocurrió con la dictadura franquista, en España no se pueda investigar y saber por cuenta propia lo que hay de verdad respecto a la honradez y honestidad en la monarquía borbónica desde su nueva instauración.

Por último y me dirijo a los monárquicos y a los que se dieron llamar juancarlistas, que tal como se suele decir, a enemigo de la honradez, honestidad y la integridad que huye, puente de plata, sin que ello sirva para que no se investigue y se asuman responsabilidades y a los que han vivido y disfrutado espléndidamente de esa falta de honradez y honestidad desde dentro y fuera de la Casa Real, hay que señalarlos con el dedo y llegado el caso, igualmente señalarles el camino de la casilla de salida.


Puño en Alto

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