30 de mayo de 2020

CUANDO JUANMA MORENO Y JUAN MARÍN SE OLVIDARON DE LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS


 Niños y niñas menores de edad son arrastrados a apartarse de sus familias por culpa de cosas tan humanas como lo son el hambre y la guerra. Muchos de ellos, probablemente, no podrán ver nunca más a su familia, a la cual dejó atrás, tal vez en una aldea abandonada, tal vez en un barrio destrozado, tal vez tras unas rejas, tal vez en medio del mar. La historia que hay detrás de cada una de esas cortas pero duras vidas ponen los vellos de punta: menores que han tenido que escapar de la guerra, huir del hambre al que fueron condenados, correr de los que han querido secuestrarlos, escapar de cárceles, nadar tras un naufragio y un largo etcétera. En medio de un desconcierto enorme son tratados por desconocidos, llevados a centros con mucho más desconocidos aún, envueltos en un idioma del que no entienden ninguna palabra y rodeados de unas costumbres que entienden aún menos. Puede que algunos de ellos se fuguen porque las condiciones de vida de algunos de esos lugares es una verdadera locura, pues no es un secreto que miles de esos niños abandonan anualmente el sistema de protección sin que se pueda establecer con claridad las causas de ese masivo abandono y el paradero de esos chicos. Otros aguantarán, harán amigos, incluso encontraron una nueva familia a la que poder aferrarse, después de tantos vaivenes en sus cortas vidas, después de tantos lágrimas derramadas.

Pero para el Gobierno andaluz, esas lágrimas no son suficientes. Quieren más. Siempre ansían más sufrimiento de los que menos tienen; es algo sabido por todo el mundo que a la derecha siempre le ha molestado la felicidad de aquellos que consideran que se tienen que quedar abajo y un claro sello de sus políticas es no responder a las necesidades de la gente. Así, el próximo 1 de junio a la Junta de Andalucía se le ha ocurrido la brillante y humana idea de acabar con 380 plazas de centros de protección destinados a albergar a Menores Extranjeros No Acompañados. ¿La excusa? ¿Puede haber excusa para ello? Si no la hay, ellos se la buscan, la inventan: «dada la situación sobrevenida de crisis social y humanitaria derivada de la pandemia del Covid-19 se ha hecho necesario una reprogramación presupuestaria para atender a la población afectada directamente por la paralización económica y la consecuente falta de ingresos para la atención a las necesidades más básicas. Abocando esto a la población a una grave y profunda crisis social, especialmente a aquellos sectores de la población más vulnerables”, han sido sus declaraciones. Sí, como leen, la Junta de Andalucía gobernada por el PP y Ciudadanos, dicen que les preocupa las personas vulnerables. Y con esa excusa, pegan un tijeretazo sin previo aviso que llevarán a 380 menores de edad a un paradero que hasta hace unos días era desconocido. La Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación avisa a los distintos centros que se verán afectados dejándoles más dudas y miedo que otra cosa. Porque, como si el mensaje no fuera lo suficientemente duro de asimilar, tienen el valor de anunciar dicho recorte tan solo 15 días antes, no aclarando ni tan siquiera qué va a pasar con esos menores, pues fue el 14 de mayo cuando desde la Dirección General de Infancia de dicha Consejería de Igualdad se traslada la noticia a los centros. No obstante, gracias a la presión e intervención de las asociaciones responsables de la gestión de los centros afectados, el número de plazas que se van a eliminar se han reducido a 142. Aún así, dichas asociaciones siguen mostrando un rechazo absoluto a dicha medida porque es inadmisible que la administración andaluza no responda como debe al cuidado de los menores no acompañados, ya sean autóctonos o extranjeros. Y es cierto que las leyes internacionales a las que España está sujeta impiden abandonar en la calle a menores de edad (independientemente de su nacionalidad), pero esto no es algo que nos deje tranquilos si tenemos en cuenta a quienes tenemos sentados en el Gobierno andaluz y conociendo de sobra que sus políticas no son para ayudar a los que más lo necesitan, pues es sabido de sobra la falta de previsión que viene teniendo la Junta de Andalucía y la gran falta de voluntad en cumplir con sus obligaciones de protección y de no discriminación de dichos menores.

Hablan con la boca llena de que hay que ajustarse el cinturón, porque hay que reprogramar los presupuestos para atender a la población afectada debido a la crisis social y humanitaria que estamos atravesando. ¿Se imaginan al gobierno de derechas ayudando a la clase trabajadora, a los parados, a las personas en exclusión social, aumentando el presupuesto en Sanidad, Educación y Servicios Sociales? Pero, ¿cuándo han hecho eso? Si no fuera porque estamos hablando de un tema muy serio, diríamos que es el mejor chiste que nos han podido contar. Y no obstante, ¿qué son estos niños, entonces? ¿Acaso no son, precisamente, víctimas directas de la crisis? ¿Acaso no son la parte más vulnerable de la sociedad, a la que debemos cuidar y poner especial atención? ¿Acaso no es esa la obligación del gobierno andaluz? ¿Y qué pasa con todos los trabajadores de esos centros que se quedarán en la calle tras el cierre de los mismos? Quien se quiera tragar el cuento del Gobierno andaluz, que lo haga, pero espero que pueda conciliar el sueño sabiendo que esos menores ven de nuevo como sus vidas están trucadas, como son tratados como objetos que sobran en un lado y se ponen en otro como si nada. Todo ante el silencio perpetuo de esos niños inocentes que ven como juegan con sus vidas como si estas no importaran nada. Niños que son tratados como simples números en una estadística que no para de subir, pero no olviden que esos números tienen nombres y apellidos. Y unas vidas.

Andalucía tutela a más de 4600 menores extranjeros en su red de centros (un 33% del total del Estado español). Centros donde la finalidad de los que allí trabajan es cuidar de estos niños que no tienen familia, ayudarlos a superar la vida tan dura que han tenido a pesar de su corta edad, formarlos y ayudarlos para que cuando se vean en la obligación de salir del centro al cumplir la mayoría de edad, no se vean con una mano delante y otra detrás como el día que se vieron empujados a emprender un peligroso y largo viaje lejos de su familia y su hogar. Y lo cierto es que es la sociedad civil organizada la que responde y la que busca soluciones y ayuda para estos chicos, pues se ven incluso en la obligación de autogestionarse por la inoperancia de la administración autónoma andaluza, a pesar de que es su obligación atender las necesidades básicas de estos menores. No son pocos los problemas que presenta el sistema de protección andaluz, encontrándose muy precarizado y, con esta medida que el gobierno andaluz quiere poner en práctica el próximo 1 de junio, lo que nos encontramos es aún más precariedad y una vulneralización de los derechos de estos menores que, al no tener a nadie, se encuentran bajo la tutela del Estado, quien está obligado a velar por su seguridad. Pero no lo hace.

El gobierno de Juanma Moreno y Juan Marín (y aquellos fascistas a los que le dan la mano sin ningún pudor), afirman que no hay que preocuparse por el cierre de esos centros porque hay plazas suficientes en otros para cubrir las necesidades de estos niños. Sin embargo, curiosamente, el pasado año se tuvo que multiplicar los recursos de acogida del sistema público de tutela por la voluminosa llegada de niños sin familias a Andalucía. Con esta inhumana medida, se prevé el cierre de muchos centros, sobre todos aquellos de menos de 10 plazas que se les empuja directamente a su cierre, mientras que los centros de más de 10 plazas, se reducen a la mitad. Además, se teme este traslado de menores de unos centros a otros porque no se tienen en cuenta muchas cosas, pues se ignora el arraigo que los mismos hayan podido desarrollar en cuanto a procesos de escolarización, contratos de trabajo, relaciones con iguales, familias colaboradoras, por poner algunos ejemplos. Es evidente que al hacer este recorte no se está teniendo en cuenta el bienestar de estos menores que con tanto esfuerzo habían conseguido tener un poco de estabilidad en sus vidas.

No sé a ustedes, pero a mí no me cuadra y esto huele más a que el gobierno de derechas y fascista que tenemos en Andalucía quiere agarrarse a cualquier excusa para dañar a aquellos que menos tienen, para perjudicar aún más las vidas de quiénes vinieron pidiendo una oportunidad, para mostrar su lado más xenófobo del cual dan buen ejemplo en sus políticas. Porque no olvidemos las continuas denuncias que se han venido realizando años atrás donde se mostraba la situación tan crítica en la que se encontraban muchos de esos centros, siendo muy conocido el caso del verano pasado donde en un centro se tuvo que poner colchones en el suelo para alojar a los niños, ya que el número de menores tutelados triplicaba a lo que el centro era capaz de responder. ¿Dónde están esas plazas disponibles para acoger a estos chicos, que el 1 de junio serán expulsados de sus centros actuales, de las que tanto alardea la Junta de Andalucía? La Junta ha querido tranquilizar a aquellos que legítimamente han protestado por dicha medida, diciendo que todos esos niños serán atendidos sin priorizar su nacionalidad, sin embargo es bien conocido como el gobierno andaluz ya hablaba en los acuerdos de los presupuestos el cómo en las partidas sociales había que priorizar a la población española. Que la mayoría de los centros se encuentran al máximo de su capacidad y están sobrepasados es una realidad que todos los trabajadores de los centros, asociaciones y sindicatos de sobra conocen y denuncian. Y, por supuesto, es de más conocido por la Junta de Andalucía, pero hay que apretarse el cinturón, ¿no es cierto?

De apretarse el cinturón, sabe mucho el gobierno andaluz, siendo un ejemplo reciente el escandaloso coste económico que supuso el cambio de logo de la Junta de Andalucía, que no fue nada bien recibido por la población. Y es que en una tierra como la andaluza, donde tanta precariedad hay, donde la sanidad está tan deteriorada, al igual que la educación, gracias a las grandes recortes que precisamente hicieron Partido Popular y PSOE, lo que menos necesitan los andaluces es que el dinero se destine al cambio de un logo, mientras la Precariedad es el logo que representa a la mayoría de trabajos que se ofertan en esta tierra.

Lecciones de apretarse el cinturón viene a darnos el vicepresidente de la Junta, Juan Marín, que se ha aquejado públicamente de que los consejeros y altos cargos políticos cobran poco, además de pedir un aumento en el presupuesto de sus dietas porque con su sueldo no llega a fin de mes. Ya me gustaría ver al vicepresidente mirar a los ojos a uno de los chicos que vivía en Somalia, el cual tras ver como asesinaban a sus padres, intentó huir del país, acabando detenido e ingresado en una cárcel para ser torturado hasta que obtuvieron de él lo que quisieron. El mismo que cuando por fin creyó ver su sueño cumplido de viajar a Italia resulta que se vio nadando en medio del mar debido al naufragio de la patera en la que viajaba. El mismo que con suma paciencia veía como lo destinaban a un centro y otro sin poder echar raíces en ninguno de ellos, luchando con un idioma que no le era familiar, intentando conciliar el sueño por las fuertes pesadillas que deambulaban por su cabeza, tomando medicación para poder seguir adelante. El mismo que, cuando por fin tiene amigos y lo que él considera una familia, resulta que lo vuelven a cambiar de centro y lo separan de lo único que tiene en su vida, obligándolo a empezar de nuevo, obligándolo a que no concilie de nuevo el sueño en las noches. Sí, me gustaría ver a Juan Marín mirando a los ojos a este chico diciéndole que hay que ajustarse el cinturón, mientras él se queja de que no llega a fin de mes.

En una petición que se ha difundido a través de la plataforma change.org se hacen las siguientes preguntas: “¿Adónde van a ir el 1 de junio todas estas criaturas para las que la Junta de Andalucía recorta su atención? ¿Se les separará de sus compañeros y compañeras de hogar? ¿Tendrán que cortar repentinamente los lazos con sus referentes adultos, los educadores y educadoras sociales de estos centros que, con esfuerzo y compromiso intentan sacar el trabajo adelante?”. Preguntas para las que la Junta de Andalucía ha dado el silencio como respuesta. Es escalofriante como el gobierno de Juanma Moreno y Juan Marín juega con las vidas de tantos menores y se le olvida que debe responder por ley a los cuidados y protección de estos.

Por todo ello, es más que evidente que cuando dicen que los recortes en dichos centros se deben a un reajuste en el presupuesto para ayudar a las personas más vulnerables no es más que una excusa inventada. La Junta de Andalucía está dejando desamparados a muchísimos menores para lo cual no hay excusa alguna. Estas medidas que pretenden justificar solo hacen fomentar los discursos de racismo y xenofobia que tanto los identifican. Solo es una excusa para poner en prácticas sus políticas de odio.

Una excusa muy miserable. Cosas de la miserable derecha.


Puño en Alto

28 de mayo de 2020

UN PRESUNTO CHANTAJE TIRA POR LA BORDA LA COMISIÓN DE LA RECUPERACIÓN EN ANDALUCÍA

 

Imagen del artículo en Nueva Revolución

Cuando el PSOE propuso la constitución de una comisión parlamentaria para la reconstrucción económica y social de Andalucía por el Covid 19, todos los grupos parlamentarios andaluces votaron a favor de dicha propuesta salvo Vox.

Por ello sorprende sobremanera que ahora, tanto PP de Juanma Moreno como Cs de Juan Marín, hayan votado a favor para que el presidente de dicha comisión sea un diputado de la formación de extrema derecha, provocando que tanto PSOE como Adelante Andalucía abandonaran la Comisión.

Esta sorprendente decisión solo puede tener dos posibles lecturas, aunque con ambas se llega a la misma conclusión.

Por una parte, es posible que PP y Cs se vieran obligados a votar a favor de la Comisión de recuperación económica y social no porque creyesen en la necesidad del consenso y para ello tuviesen que dar cancha política a la izquierda con dicha propuesta, sino más bien porque era lo políticamente correcto para la imagen supuestamente moderada de ambos ante la opinión pública andaluza. Por eso, a la primera de cambio, han pretendido acabar con la corta vida de la Comisión proponiendo a un representante de Vox como presidente, a sabiendas que este era una cuestión inasumible para PSOE y AA, después del rotundo NO de la ultraderecha a la creación de la misma y de abandonar la creada igualmente en el Congreso de los Diputados y que durante la pandemia se ha dedicado a crispar la sociedad con toda clase de subterfugios muy alejados a los propios de una democracia moderna.

Por otra parte, si se le concede el beneplácito de la duda a PP y Cs de creer en la necesidad de un pacto por la reconstrucción, no se entiende que no buscaran un presidente de consenso para la Comisión y votasen sin más al represente de Vox, podría significar que la formación de ultraderecha, pese a votar en contra, posteriormente hiciera valer su capacidad de influencia para hacerse con la presidencia de la comisión, como una forma de demostrar a la opinión pública hasta donde llega dicha capacidad y hasta qué punto tiene a PP y Cs cogidos por sus supuestas partes nobles. Este clamoroso trágala de Vox, que PP y Cs ha asumido sin pestañear, en modo alguno podían esperarla parte de PSOE y AA, más allá de abandonar la Comisión.

Ya sea por una razón u otra, lo cierto es que, en ambas situaciones se ha llegado al mismo final, es decir, a una Comisión de Recuperación Económica y Social de Andalucía, como elemento imprescindible de consenso político y social en unos momentos tan difíciles para el conjunto de la población, que ya nació muerta. Y todo ello, porque PP y Cs ha supeditado la estabilidad de su gobierno y doblegado a los intereses de un partido más preocupado en desestabilizar que en arrimar el hombro. Lo curioso del asunto es que esta presunta búsqueda de estabilidad en el gobierno a costa de los que sea, ya sea darle este protagonismo gratuito a la ultraderecha y claudicar a sus desmanes y chantajes impropios es lo mismo que el líder nacional del PP, Pablo Casado no se cansa de denunciar día sí y día también de Pedro Sánchez respecto a los partidos nacionalistas.

Por último, decir que la actitud de Juanma Moreno y Juan Marín a pocos deben extrañar y sorprender, ya que están absolutamente sobrevalorados, y que a pesar de sus limitadas capacidades de liderazgo político están donde están debido a que la izquierda andaluza, PSOE y AA, están más preocupados y ocupados en sus líos internos y en marcar diferencia unos con otros que en ofrecer una oposición sería y contundente ante tanto desmanes de las tres derechas en Andalucía.


Puño en Alto

17 de mayo de 2020

NADA HACE PENSAR QUE LA NUEVA NORMALIDAD SIRVA PARA REFLEXIONAR SOBRE LA SANIDAD Y EL MODELO TURÍSTICO

Imagen del artículo en Nueva Revolución


 La pandemia y sus consecuencias económicas y sociales que está asolando al país, ha puesto de manifiesto varias cuestiones sobre las cuales merecen al menos una mínima reflexión muy lejos de la contienda política que se ha desatado.

En primer lugar, al margen de la inutilidad de la monarquía de la que poco más de su costoso mantenimiento y de los sucesivos escándalos de todo tipo, la pandemia ha puesto de manifiesto el bajo nivel político y el poco sentido de estado de algunos representantes de partidos, además de un escaso nivel moral de algunos que no han dudado un ápice en utilizar la pandemia como arma política arrojadiza contra el gobierno y han visto en ello una oportunidad de ganar lo que no han sido capaz de obtenerlo en las urnas. A riesgo de parecer injusto al no particularizar, me voy ahorrar nombrarlos nominalmente porque a estas alturas, a buen seguro, que estarán en la mente de todos los que asistimos atónitos a este triste e irresponsable espectáculo día sí y día también. Muy probablemente este escaso sentido de estado es el que impide que reflexionen sobre otras cuestiones que, como digo, ha puesto de manifiesto la pandemia.

Había un hito compartido muy mayoritariamente consistente en que nuestro sistema sanitario era unos de los mejores del mundo. Este era un tópico, que los hechos han demostrado que, si bien alguna vez lo fue, hace tiempo que ha dejado de serlo, a pesar de la enorme profesionalidad de los hombres y mujeres que trabajan en este sector esencial en un estado de bienestar. Una Sanidad Pública que el estado de las autonomías ha troceado en 17 partes y que en su conjunto no ha servido para mejorar el todo y que los recortes y las privatizaciones no han hecho más que precarizarla aún más en todos los sentidos. Esta pandemia solo ha vuelto a recordarnos lo que ya muchos sabíamos, la importancia de lo público, algo que nunca nos debieron obligar a olvidar, que está tan deteriorado y en una situación precaria debido al desmantelamiento que ha sufrido por los innumerables recortes y privatización que se ha venido haciendo en nuestra Sanidad, por quienes ya sabemos. Las plantillas escasas, una gran falta de financiación, escasez o deterioro de material que no se ha reemplazado son consecuencia de ello que provocan que el sistema sanitario quede colapsado y no sea capaz de responder como debe ante una crisis sanitaria como la originada por el COVID 19. La pandemia ha puesto de manifiesto de manera abrupta el deterioro del sistema público de salud, pero la mayoría social venia sufriendo y padeciendo este deterioro desde hace décadas. Ejemplo de ello son largas listas de espera para intervenciones quirúrgicas, cuya solución ha sido derivar casos al sector privado en vez de invertir más en recursos humanos y materiales en la pública. La reducción de la atención primaria, igualmente, ha sido otra de las causas que ha podido originar que la pandemia no se hubiese detectado a tiempo. Algunos responsables autonómicos siguen sin hacer reflexión alguna al respecto y a la vez que, de forma hipócrita, llamaban héroes a los sanitarios por su labor, estaban firmando sus cartas de despidos.

La otra cuestión puesta de manifiesto es la debilidad de nuestro sistema productivo por la excesiva dependencia del sector servicio, esto es del turismo. De tal manera que la industria turística supone cerca del 14% de PIB, siendo este sector productivo el más voluble y más sensible a cualquier coyuntura política y social y de ahí la hecatombe económica que está suponiendo para el sector y, por ende, para la economía nacional, por su excesiva dependencia, la pandemia del COVID-19. Si además, es un sector con bajo nivel añadido donde impera la precariedad laboral, con una clase empresarial que solo piensa en el rendimiento al corto plazo, pues pasa lo que está pasando. Por todo ello, no entiendo las furibundas críticas que está recibiendo el ministro de Consumo, Alberto Garzón, al manifestar que el turismo español es fundamentalmente “precario, estacional y con bajo valor añadido”. A Garzón se le podría criticar, quizás, por muchas cuestiones pero en modo alguno, se le puede criticar por decir una obviedad como la que dijo respecto al sector turístico patrio al considerarlo como un sector no estratégico para España. Al parecer, los que se han escandalizados (una patronal conservadora cuyo representante es Abel Matutes, exministro de turismo con Aznar) no quieren recordar las denuncias sobre las lamentables condiciones laborales de las Kellis, ni que los camareros están contratados por 4 horas y les obligan a jornadas de doce o más horas diarias, ejemplos meridianos de lo que quiso decir el ministro. El turismo de borrachera en zonas de Cataluña y Baleares, los desmanes de todo tipo en los pisos turísticos en las grandes muchas ciudades, los atentados mediambientales por la construcción de urbanizaciones, no creo que sean actividades muy defendibles salvo para quienes se benefician exclusivamente de ellas. Qué duda cabe, que en este sector hay empresarios y profesionales que están intentando dar una nueva visión a su oferta turística desestacionalizándola, dándole un valor añadido mediante la cultura, el patrimonio histórico-artístico y medioambiental, así como, sostenible económica y socialmente, pero por desgracia son los menos y además se ven compitiendo de una manera muy desleal con quienes solo procuran el beneficio económico a corto plazo mediante la precariedad laboral.

Sirvan estas reflexiones acerca de la sanidad y del turismo para que los representantes políticos imbuidos en el cortoplacismo del rédito electoral que tan pronto quieren llegar a esa nueva normalidad, que de nueva tiene poco, porque en modo alguno quieren repensar y reflexionar acerca de cómo preparar y defender mejor sanitariamente a los ciudadanos de nuevas coyunturas pandémicas o no y de mejorar nuestra oferta turística para que deje de ser, como dice acertadamente el Ministro Garzón, un sector precario en salarios y condiciones laborales, de bajo valor añadido que demuestran que actualmente sea un sector nada estratégico, a pesar de su enorme peso en el global del PIB nacional.


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7 de mayo de 2020

MONARQUÍA: LA OPERACIÓN DE LIMPIEZA DE IMAGEN QUE NO LOGRA ESCONDER UN ESCÁNDALO QUE NO CESA

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 El Papa y otros jefes de estado se han pronunciado a favor de la implantación de una renta mínima como medida para paliar algo las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. Los obispos españoles, junto a la derecha y la Patronal, rechazan la medida. Nada sabemos sobre la opinión del rey Felipe VI al respecto. No sabemos si coincide con el Papa o, por el contrario, coincide con los obispos españoles

Aún tenemos en la retina la salida contundente del monarca en defensa de la unidad territorial del país ante las pretensiones secesionista en Catalunya que la calificaba como una fractura inasumible del Estado. Al parecer, la fractura social que, sin duda, va a ocasionar la pandemia no es suficientemente preocupante para que el Rey se pronuncie públicamente a favor de medidas económicas que la pueda mitigar de alguna manera, ya sea mediante un Ingreso Mínimo Vital o algo parecido y de esta manera evitar esa fractura social mucho más peligrosa que aquella fractura territorial del Estado. Un Jefe de Estado que no se alarma, no se pronuncia denunciando y condenando el llamamiento de una fuerza política a un alzamiento militar, preocupa y mucho y debe hacérselo ver.

De lo que sí parece estar muy preocupado el Jefe de Estado español por herencia no por méritos propios a igual que su padre, por la imagen que está ofreciendo del país la pandemia y sus consecuencias o más bien la suya propia.  Esta preocupación le ha hecho establecer una reunión con deportistas y artistas de renombre internacional para que trabajen conjuntamente en mejorar la imagen del país. En esa operación de limpieza hay que enmarcar aquel anuncio de cara a la galería de la renuncia a la herencia de su padre. En verdad, lo que le preocupa más es su propia imagen como jefe del estado, porque para otras cosas ni está ni se le espera.

Al margen de una locución publica en la que se dedicó a mandar mensajes de unión, confianza y apelación a la responsabilidad y otros lugares comunes dialécticos, poco más se le conoce en toda la pandemia, salvo una serie de reuniones insustanciales con determinados ministros que han pasado sin pena ni gloria, a pesar de los denodados esfuerzos de determinados medios de comunicación en resaltarlas.

El deterioro de la imagen de la monarquía dentro y fuera del país se viene larvando desde hace tiempo y no por una conjura judeo masónica, ni mucho menos, sino por méritos propios al respecto. Un cuñado en la cárcel por actividades corruptas, una hermana salvada in extremis de pisarla, sobrinos con actitudes y actividades nada aconsejables, tíos con dinero en paraísos fiscales, desavenencias conyugales por doquier, una estirada esposa con amistades peligrosas preocupada en que sus hijas salgan favorecidas en la fotos y un padre, de quien heredó la jefatura del estado, que se dedicaba a todo menos a representar con dignidad, honestidad y honradez al país, de ahí que la máxima preocupación de Felipe VI no sea el bienestar de la mayoría social, sino la limpieza de su propia imagen, para que la monarquía siga siendo la empresa familiar de la que se benefician en gran medida la familia real cercana y no tan cercana.

Si en la amplia y cada vez más costosa familia real hay poco de ejemplaridad, es en la figura del rey emérito donde esta ejemplaridad brilla por su ausencia. Dicen que Juan Carlos I, no sabe distinguir lo legal de lo ilegal. Esta es una manera muy benevolente de pretender justificar sus actividades presuntamente delictivas y corruptas mientras era jefe del estado. Hay que recordar que el emérito creció bajo el paraguas protector de un dictador que tampoco sabía distinguir entre lo legal y lo ilegal, es más lo legal era cumplir con sus caprichos y la de los suyos. Esta enseñanza, la inviolabilidad de sus actos con que la que se le protegió a Juan Carlos I en la propia Constitución y el silencio mediático junto a sus pocos escrúpulos, hicieron el resto.

Poco a poco vamos conociendo más detalles de las andanzas del rey emérito durante su periodo de Jefe de Estado. Además de las comisiones de 100 millones de euros, el donativo de 65 millones a su amiga entrañable, ahora hemos sabido con asombro que en 2010, mientras la mayoría de españoles sufríamos recortes de todo tipo, en salarios, en pensiones y en servicios esenciales como sanidad y educación principalmente, sin olvidar las subidas de impuestos, al parecer este señor recibía un regalo de 1,7 millones de euros del emirato de Bahréin que posteriormente entregaba en un maletín a su gestor financiero para que los ingresara en una cuenta opaca al fisco español en Suiza, curiosamente el mismo gestor que se encargaba del blanqueo de dinero de la Gurtell.

Cabe preguntarse por qué y para qué el emirato de Bahréin le hizo ese desprendido regalo al entonces rey de España, ésta y otras preguntas son las que Felipe VI debe responder cuanto antes si quieres recobrar la confianza de esa mayoría social que sufre y padece y dejarse de operaciones de mercadotecnia dirigidas a una superficialidad y no limpiar el moho que corroe la jefatura del estado.


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5 de mayo de 2020

AYUSO O LA POLÍTICA FRÍVOLA DEL ESPECTÁCULO

 

Imagen del artículo en Nueva Revolución

¿Le preocupa a Ayuso los niños y niñas cuyas familias no tienen recursos? Ayuso defendió abierta y orgullosamente el pasado miércoles que los niños de 32 municipios (un total de 11.500 niños) de la región madrileña reciban en estos días menús de comida rápida. Esta mediocre política que se cree que está actuando en un circo -a ver si llega ya la gran función final y todos aplaudimos- respondía a las críticas haciendo hincapié en que los menús que les pondría Podemos serían como los de Venezuela. Así es, mientras el número de muertes por esta pandemia en España ha alcanzado límites insospechados, mientras un gran número de personas siguen contagiadas, mientras otras muchas tantas familias a nivel económico lo están pasando terriblemente mal y un largo etcétera, la acróbata del circo habla de Venezuela.  Desde luego, hacer política por y para la gente más vulnerable, es algo que el Partido Popular nunca ha querido poner en práctica.

¿Le preocupa a Ayuso los sanitarios? La pandemia del coronavirus ha quitado la cortina (o la bandera, más bien) que ocultaba que nuestra Sanidad estaba colapsada desde hace ya mucho tiempo, mucho antes de que este gobierno de izquierdas entrará en el poder, obviamente. Dicen que rectificar es de sabios, pero en la derecha patriótica hace tiempo que la sabiduría brilla por su ausencia. El gobierno de Isabel Díaz Ayuso realizó una contratación masiva de personal para poder responder a todas las necesidades de todos los pacientes, necesidades sanitarias que según ella nacieron en este marzo de 2020. Más de 10.000 contratos. Personas a las que, desde penosas declaraciones públicas, ella ha llamado «héroes«. Bien, pues esos 10.000 héroes están guardando la capa en el armario porque parece ser que la sanidad española ha dejado de estar colapsada. De héroes a prescindibles en menos de un mes y medio. Gran trabajo de hipocresía para el PP nuevamente, ¿por qué: quién ha sido el partido político que más recortes en Sanidad ha hecho en los últimos años y es el causante principal de que la Sanidad española se encuentre en la situación actual? Todos esos trabajadores que han estado expuestos como tantos otros, al pie del cañón, a esta pandemia, sin el material necesario, arriesgando sus vidas y la de sus familiares, ahora ven como Ayuso les dice adiós mientras en su cuenta de Twitter los sigue llamando «héroes«.

¿Le preocupa a Ayuso las personas mayores, unos de los colectivos que más en peligro han estado y están en esta pandemia?El geriátrico Monte Hermoso envía un email a la presidenta de Madrid donde desesperadamente le hablaba de la situación extrema en la que se encontraba debido a la pandemia. A pesar de que enviaron diversos mensajes, estos no recibieron respuesta. Se trata de una de las residencias que han sido más afectadas de Madrid, pues ya el 17 de marzo habían muerto 17 ancianos (en solo 4 días). Pedían con extrema urgencia poder trasladar a ancianos a hospitales, pero no recibieron respuesta alguna. Esos ancianos murieron allí, esperando la respuesta de la presidenta de Madrid que andaba distraída adquiriendo un rímel para una foto que se haría unos días después. En primer lugar, en una entrevista, Ayuso niega el haber tenido conocimiento de dicha situación. Más tarde -cuando no le queda más remedio ante las evidencias, pues los medios confirman que, efectivamente, la residencia decía la verdad y había enviado dichos emails- admite que su gabinete recibió dicho email. Por último, Ayuso va a una misa y espera ansiosa el momento perfecto que la cámara que ha pagado la enfoque adecuadamente para derramar unas lágrimas. Mientras en esos espectáculos mediáticos Ayuso afirma lo siguiente: «quiero transmitir que no es la tónica general ni mucho menos en nuestras residencias«. Sin embargo, según los últimos datos, se tiene constancia de que entre las 475 residencias madrileñas se ha producido más de 5.800 muertes de personas mayores por la pandemia del coronavirus. No muy contenta con esto, el pasado 2 de mayo, Ayuso rinde homenaje a los héroes de la crisis del coronavirus afirmando que estos son «nuestra salvación y nuestra esperanza para luchar por el futuro«. Hay que recordar qué son más de 10.000 sanitarios los que vuelven al paro. Ayuso, con todo el cinismo posible, asegura que «no hemos dejado atrás a nadie«.

Tres sencillas preguntas, cuyas respuestas es más sencilla aún: NO.

El cierre del hospital IFEMA fue otro homenaje a la nula capacidad como políticos que tienen estos patriotas de bandera. Los mismos que critican el famoso 8marzo -porque de un modo u otro tienen que criticarlo- resulta que hace unos días en el acto del cierre del hospital IFEMA convocaron a la gente para dar un espectáculo bochornoso más propio de un circo que de una presidenta de la comunidad de Madrid. Así, se acumuló un gran número de personas, donde no se respetó ninguna medida de seguridad, ni los protocolos recomendados y/o exigidos por el Ministerio de Sanidad, donde muchas personas ni llevaban mascarillas ni guantes y un largo etcétera. Tampoco faltó los inexplicables abrazos y sonrisas dedicadas a la presidenta de algunos de esos mismos sanitarios que han sido utilizados al antojo de los que dicen llamarse populares. Tampoco faltaron las múltiples cámaras, y es que, en su política-espectáculo no pueden faltar, no hay espectáculo, claro. Ayuso afirmó que se trató de «un acto especial» y, al parecer, eso le da el poder de saltarse todas las normas aunque estén en juego numerosas vidas. Que el 8 de marzo de todos los años las mujeres salgan a la calle para poder pedir igualdad, para exigir justicia, para pedirle al mundo que abra los ojos y dejemos de ser asesinadas, no es un acto especial. Pero para que ella salga en la portada de un periódico fingiendo que le importa las personas que están pasándolo terriblemente mal durante esta pandemia, eso sí es un acto especial. De pura hipocresía, claro.


Como si eso no fuera suficiente, la presidenta madrileña alardea con orgullo del hospital temporal que estuvo funcionando durante 40 días -donde sin lugar a dudas se realizó una gran labor gracias a los sanitarios y demás trabajadores que allí se encontraron-, pero se le olvida que la necesidad de implantar dicho hospital temporal no es más que otra muestra más de que la Sanidad española lleva muchos años agonizando gracias a los recortes de su propio partido.

El medio centenar de denuncias que se acumulan de familiares a la fiscalía por la penosa y desastrosa gestión política que el Gobierno madrileño ha llevado a cabo en las diferentes residencias, los dos autos judiciales que obligan a medicalizar geriátricos, la disputa interna política entre PP y ciudadanos (que terminará nuevamente en un abrazo cuando necesiten sumar números), los miles de muertos, las miles de familias que están teniendo graves problemas económicos… no es suficiente para que la presidenta Ayuso confirme que su gestión es lamentable e inaceptable.

En la Catedral de la Almudena, en una misa solemne en recuerdo a los fallecidos por la pandemia del coronavirus, vimos otro acto más que nauseabundo. Afirma que fue a la misa para acompañar a las familias en el dolor en ese momento tan difícil. Alguien debería decirle que si quiere acompañar a esos familiares lo que tendría que hacer es no mantener a la sanidad en la precariedad que su propio partido la ha metido, pues a los fallecidos no se les honra en una misa, sino invirtiendo en sanidad pública y de calidad (algo que Ayuso desconoce, pues no olvidemos que se desvío de forma encubierta 145 millones de euros, quedándose sin ellos los de siempre: Sanidad, Educación y Vivienda, una marca demasiado característica de la derecha patriotera). Y no olvidemos a quienes oficiaron esa misa, pues también habría que decirles que a las víctimas de esta pandemia no se les ayuda dando una misa, sino poniéndole en sus manos los recursos que necesitan para subsistir, como lo es el Ingreso Mínimo Vital que los obispos españoles, al igual que la derecha, la rechazan para no perder el negocio que tienen montados con la «caridad».

La imagen que ha quedado de recuerdo de esa misa es de una hipocresía extrema: Ayuso derramando una lágrima. Sus aduladores paniaguados, igual de hipócritas que ella, la defienden diciendo que no pudo contener las lágrimas debido a la emoción. Sin embargo, sí que ha sabido contener muy bien las lágrimas mientras miles de niños se estaban quedando sin comer en su comunidad madrileña, mientras miles de familias no tenían para pagar la luz o el agua o se estaban quedando sin un techo. Supo contener las lágrimas mientras ignoraba los emails que aquella residencia le mandaba pidiéndole ayuda para que los ancianos no murieran debido a la pandemia. Dicen algunos que estos gestos -las lágrimas de cocodrilo- humanizan la gestión de la tragedia y es algo que la sociedad aplaude y agradece. Desde luego, algo de eso se pudo ver en el cierre del hospital de IFEMA, donde algunos sanitarios le pedían selfies a la presidenta madrileña mientras guardaban en su bolsillo la finalización de sus contratos. Tristemente como siempre habrá gente a la que le guste el espectáculo. Pero como bien se quejaban muchos de esos sanitarios despedidos y tratados de forma tan cruel por el partido popular: no somos ganado.

Pero el «Espectáculo frívolo de Ayuso» continua: ahora avisa de que habrá disturbios si Madrid supera el millón de parados, algo que anunció en la octava videoconferencia de los presidentes regionales. Dice que esto «se trata de un orden público y, por supuesto, social, que va mucho más allá de lo económico”. Por supuesto, Ayuso, que esto va mucho más allá de lo económico: va de qué estás jugando con las vidas de millones de personas, va de que estás utilizando las múltiples muertes de las víctimas por coronavirus para hacer un espectáculo dantesco de tu mediocridad como persona. En dicha videoconferencia Ayuso haciendo gala nuevamente de su gran hipocresía, exige lo siguiente: «políticas concretas y sensatas», algo que ni ella ni su partido han hecho nunca. Ni se le espera.

¿Cuándo se va a acabar este espectáculo?


Puño en Alto

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