18 de marzo de 2020

BORBÓN GO OUT

Imagen del artículo en Nueva Revolución


 El todavía rey emérito, Juan Carlos I, es un presunto corrupto, esto no lo digo yo con maledicencia, lo dice su hijo por escrito, el también todavía Rey de España, Felipe VI, al renunciar a la herencia de su padre al considerar su enorme fortuna de dudosa procedencia y al retirarle como castigo el sueldo de casi 200.000 euros anuales que tenía asignado a través de los presupuestos generales del Estado.

Mientras que la ciudadanía española en estos momentos está ocupada en la lucha contra el contagio del coronavirus COVID-19 y sus consecuencias sociales y económicas, hay quienes están más ocupados y preocupados en salvarse de la quema, no del contagio por el patógeno, sino por salvarse de esa otra quema que supone las consecuencias de lo que se está conociendo de las andanzas del llamado “Campechano”. El gesto del actual monarca de renunciar a su herencia, no es más que un gesto a la desesperada de salvaguardar la honestidad de la corona, ya que en la legislación española no se puede renunciar a una herencia en vida del causante.

Pero el caso del emérito (mejor llamarlo ya como demérito) no es único de conducta reprobable en el seno de la familia real. Un yerno en la cárcel, también por corrupción, una hija salvada in extremis de ser igualmente condenada gracias a una solución imaginativa de la Agencia Tributaria, unos nietos con presuntas conductas nada recomendables en conocidos círculos de la capital, una nuera muy estirada y distante que llamaba Compi Yogui a otro presunto corrupto y maltratador insultando a la vez a los medios de comunicación que se hicieron eco del caso más preocupada en mantener a raya a su suegra, una esposa connivente que no está ni se le espera y un hijo monarca que recuerda al rey pasmado solo ocupado por salvar su culo, conocedor de todo desde hace un año y lo calló, compone junto al crápula padre una realeza a la que a cambio de una vida plácida y cómoda solo se le exigía ejemplaridad y están dando lo mejor de sí para demostrar todo lo contrario.

Unos y otros se comportan en un sentido y en otro a la imagen y semejanza de quien ahora se está confirmando con pruebas y testimonios lo que al parecer se sabía en todos los mentideros dentro y fuera del tendido patrio sobre su disipado comportamiento y sus actividades muy reprobables ajenas de la mera representación del Estado.

Este mayúsculo escándalo, no se puede ni se debe despachar mediante un informe del Servicio Jurídico del Congreso en el cual se dictamina la inviolabilidad de los actos del rey recogida en la propia Constitución para impedir la constitución de una comisión parlamentaria de investigación sobre los hechos denunciados por los medios de comunicación, ni tampoco por una intranscendente administrativa y jurídica manifestación de renuncia a la herencia del presunto disoluto, libertino y calavera rey padre. Se nos quedaría la cara de tonto si vemos que después de todo las únicas beneficiadas de los tejemanejes del demerito son sus conocidas y no tan conocidas amantes.

Si ahora desde todos los ámbitos nos recomiendan que nos quedemos en casa como mejor medida de contención del contagio para no colapsar la Sanidad Pública, me atrevo a exigir que con coronavirus o no, que se vayan y dejen a España y a los españoles a dedicarnos plenamente a afrontar el grave problema actual lejos de escándalos y de conductas éticas y morales reprobables. Pero no sin antes dejar en las arcas del Estado la inmensa fortuna conseguida de forma tan irregular por unos y otros.

Por ello, nada de renuncia intrascendente y sí a una transparente investigación sobre todos los hechos denunciados y a la asunción de responsabilidades en todos los órdenes de quien cometió los presuntos delitos, de quienes lo sabían y callaron y, por supuesto, de quienes lo amparan por una cuestión inadmisible de inviolabilidad.

Sería igualmente inadmisible que tribunales de otros países sean quienes investiguen los hechos y, como ocurrió con la dictadura franquista, en España no se pueda investigar y saber por cuenta propia lo que hay de verdad respecto a la honradez y honestidad en la monarquía borbónica desde su nueva instauración.


Puño en Alto

10 de marzo de 2020

LA MONARQUÍA SE AUTOCUESTIONA AL RECHAZAR LA TRANSPARENCIA

Imagen del artículo en Nueva Revolución


 ¿Qué hubiese pasado si hubiese trascendido que un presidente como Maduro hubiese regalado a una reconocida amante una millonada procedente de unas oscuras e igualmente millonarias mordidas procedente de una dictadura?

Pues que las derechas (la valiente y las otras) junto a sus voceros, alarmados por el corrupto sistema político venezolano y su deriva antidemocrática de ese país, pondrían el grito en el cielo y señalarían como cómplices al gobierno, sobre todo a UP.

Sin embargo, más allá de oponerse a la apertura de una comisión de investigación sobre el cobro ilegal de una comisión cien millonaria y posterior donación de 65 millones de euros a la supuesta amante del rey emérito, los líderes de las derechas nada han dicho ni nada ha trascendido al respecto.

En cualquier caso, flaco favor se le hace a la institución monárquica si para impedir la apertura de dicha comisión de investigación se apela a una muy cuestionada inviolabilidad del rey, en este caso,  del rey emérito.

Por una parte, porque de esta manera no se protege a la monarquía, sino todo lo contrario, se le aleja aún más del canon democrático de la transparencia, ya que si además de ser una institución arcaica por la cual se obtiene la Jefatura del Estado por el hecho del nacimiento, se le arropa con la inviolabilidad de los actos del monarca que le confiere poca transparencia y, no menos, credibilidad y carencia de representatividad.

Por otra, nada ayuda a la imagen de la pulcritud, honestidad y honradez de la monarquía, fundamentalmente, si los garantes y la protección de la misma tienen que venir de la mano de dos partidos (PP y PSOE) que han estado carcomidos por la corrupción como demuestran innumerables sentencias al respecto y que no han dudado en utilizar y manosear las instituciones del estado para intentar salir indemnes judicialmente de muchos de ellos.

En definitiva, si la monarquía quiere preservar su imagen de representatividad, no debería aceptar que se aplique ese principio de inviolabilidad y de esta manera hacer que nos creamos un poco más el principio de igualdad ante la ley entre los españoles que santifica la Constitución. El Rey Emérito, si nada tiene que ocultar ni temer que se sepa y si no hay nada irregular en su comportamiento debería pedir de mutuo propio comparecer ante el Parlamento y ofrecer toda clase de explicaciones y zanjar las dudas que se cierne sobre su actuación.

De lo contrario la sospecha, una vez más se cierne sobre su persona.

Los republicanos, por un mero sentido democrático, no podemos asumir que la Jefatura del Estado se herede por el simple hecho de haber nacido en una determinada familia y, mucho menos, podemos aceptar que los actos del Jefe de Estado, no se puedan someter al escrutinio de las instituciones judiciales y parlamentarias cuando hayan más que indicios de la comisión de delitos, como es el caso de lo que vienen denunciando determinados medios de comunicación y que se propone que se investigue en sede parlamentaria, sin descartar, llegado el caso, la intervención de los tribunales de justicia.


Puño en Alto

4 de marzo de 2020

EL CORONAVIRUS COMO EXCUSA

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Con motivo del coronavirus o, mejor dicho, con la histeria que se está desatando con la infección por este patógeno, se está originando una deriva altamente preocupante.

Hace unos días, un virólogo, en un programa de televisión de mucha audiencia en el que se estaba debatiendo sobre el coronavirus COV-19, manifestó en su supuesto afán de restar importancia a las consecuencias de dicho coronavirus, que es hora que la gente recuerde algo que se está olvidando: que de algo hay que morir. Digo supuestamente en ese afán de contrarrestar la creciente histeria social que se estaba creando, porque sin querer queriendo le dio una patada a un elemento básico de un estado de derecho como es la Sanidad Pública. Esta, igualmente supuesta voz autorizada, dejó helados a los contertulianos presentes que no supieron decir nada de tan lamentable reflexión en esos momentos y tan solo el presentador atinó a decir: “sin duda era una obviedad, pero que en modo alguno tranquilizaba”.

Es decir, para este eminente virólogo, de la poca o mucha mortandad del coronavirus no hay que preocuparse, puesto que de algo hay que morir y por qué no de un contagio por este pernicioso patógeno. Se podría desprender que la Sanidad estaría para los caprichosos que se empeñen vivir cuantos más años mejor o tuviese los recursos económicos suficientes como para costearse una sanidad privada. Y aquí está la derivada peligrosa de la aparentemente sin malicia manifestación del virólogo.

Por otra parte, ya sabemos la cruzada emprendida por el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, contra la posible modificación de la Reforma Laboral, sobre todo de los aspectos más lesivos para los trabajadores de la misma. Este señor, ha advertido que si al temor que está generando el coronavirus en la economía se le añaden un “cambio radical de la reforma laboral, lo único que se provocará una mayor incertidumbre”, pidiendo que “se deje el campo en orden para que los empresarios puedan trabajar”.

Esto es una utilización perversa y maliciosa de una circunstancia como la aparición del coronavirus, para meter más miedo aún a los trabajadores para que sin más acepten el status quo y no se tengan en cuenta la voluntad del pueblo expresada en las urnas. Esta nauseabunda manipulación es inadmisible en un estado de derecho y desde el gobierno se le debería dar cumplida respuesta.

Estos son dos ejemplos de cómo el sistema instaurado utiliza de manera perversa todos los resortes a su disposición para sacar tajada, en este caso, de una epidemia más o menos importante y que desde determinados medios de comunicación se están encargando de poner altavoz a las lamentables y manifestaciones como la del virólogo contra la sanidad pública tan necesaria en estos momentos actuales y del mismísimo presidente de la CEOE contra la derogación total o parcial de la reforma laboral que tanto sufrimiento y precariedad está originando.


Puño en Alto

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