21 de enero de 2020

LEALTAD AL REY POR IMPERATIVO LEGAL Y ALGO MÁS


 Fue muy llamativo ver y oír a Pablo Iglesias, Irene Montero, Yolanda Díaz y Alberto Garzón prometer lealtad al rey, siendo el caso de Garzón el más chocante, ya que en no pocas comparecencias llamaba al monarca “ciudadano Borbón”.

Tanto Podemos como IU se han caracterizado por el cuestionamiento de la Monarquía y del Rey como Jefe de Estado, al considerar la Monarquía como una institución arcaica y antidemocrática que contradice el principio de igualdad entre los españoles que establece el Capítulo 1 de la propia Constitución, ya que la jefatura del estado se hereda o se obtiene por el mero hecho de nacer en el seno de una determinada familia. Y no olvidemos, tal y como dice la Constitución, que la jefatura del Estado lo heredan solo los varones sea cual sea el orden de su nacimiento en el seno de su familia, siendo heredera la mujer solo en su defecto, ¿es que puede haber algo que vaya más contra el principio constitucional de la igualdad?

Tampoco hace falta recordar que tanto Podemos como IU consideraban la inviolabilidad el Rey como algo que alejaba más aún de la legitimidad democrática y contradecía igualmente la citada igualdad que sacraliza nuestra Carta Magna, así como apostaban por un mayor control parlamentario de la Casa Real.

Todo ello lo argumentaban sin entrar en el marcado carácter republicano de ambas formaciones políticas como sistema más democrático y representativo, ya que de esta manera la elección del Jefe de Estado estaría sujeta a la voluntad y control del pueblo y de sus instituciones.

Pronto se ha podido comprobar que la promesa de lealtad al rey expresada por los ministros de UP en la toma de posesión del cargo iba más allá que una mera formalidad por un muy cuestionado imperativo legal.

Los miembros de la CUP presentaron en la Mesa del Congreso de los Diputados la petición de comparecencia ante la Comisión de Interior de Felipe VI, en su calidad de Jefe de las Fuerzas Armadas, por los sobornos a Arabia Saudí durante el reinado del actual rey emérito. La solicitud está motivada a raíz de la noticia hecha pública por la fiscalía anticorrupción de los presuntos sobornos pagados por el estado español a Arabia Saudí a cambio de contratos de compras de armamentos mediante la empresa semipública Defex. Los izquierdistas catalanes calificaban el caso como el de mayor corrupción en el estado español y por ello se hacía necesario explicaciones del Rey, entre otras personas.

El pasado día 16 de enero la Mesa del Congreso vetó la iniciativa de la CUP inadmitiendo dicha petición por unanimidad, argumentando que la comparecencia del Rey debía ser rechazada porque el Jefe del Estado no está sometido al control parlamentario. Del mismo también rechazaron la comparecencia del fiscal anticorrupción y de los directivos de la empresa Deflex.

En esta legislatura forman parte de la Mesa el PSOE, el PP, Vox, Unidas Podemos y En Comú y, en el caso de éstas dos últimas formaciones políticas, supone un radical cambio de actitud, ya que en la legislatura anterior ambas presentaron iniciativas para fomentar el control parlamentario de la Casa Real.

Ahora comprendemos y entendemos la sonrisa esbozada por el rey Felipe VI en el acto de promesa de los ministros, no solo al oír que se le prometía lealtad, sino al saber lo que realmente implicaba dicha promesa que, entre otras consideraciones, supone que las turbias andanzas de su progenitor seguirán impunes por siempre jamás.

Este hecho y el silencio sepulcral de UP ante el acuerdo de la OTAN de aumentar la aportación de sus miembros (incluido España) en más de 360.000 millones de euros para hacer frente a enemigo sin determinar, nos hace seguir pensando que más allá de lo poco o mucho que se consiga por el gobierno PSOE-UP, nos preocupa más lo que se tenga que abandonar en el camino.


Puño en Alto

15 de enero de 2020

¿…Y AHORA QUÉ?

Imagen del artículo en Nueva Revolución

 

La Izquierda real y transformadora por primera vez desde la instauración de la democracia tras la dictadura fascista de Franco tiene participación en el gobierno de la nación. Sería un error si esta presencia se conceptúa como un fin en sí mismo y no como el medio para llevar a cabo la transformación social mediante la recuperación de los derechos arrebatados y el desarrollo de políticas encaminadas principalmente a instaurar un nuevo sistema fiscal y laboral más justo, así como, para dar pasos firmes para blindar, de una vez por todas, el sistema público de pensiones, la sanidad y la educación públicas.

La ponderación responsable demostrada en todo el proceso de negociación deber seguir rigiendo desde el gobierno progresista para hacer política, pero sin que ello sea causa de abandonar los modos y formas propios de la izquierda (en la promesa de cargos de ministros y ministras algo de ello hubo) ni tampoco dejar en el camino postulados irrenunciables igualmente propios de la Izquierda, tanto en lo económico como en lo social.

Pocos entenderíamos pasar de plantear un nuevo proceso constituyente (incluyendo la forma de estado) a defender la Constitución y su cumplimiento, aunque sea para demostrar las incoherencias de los partidos llamados constitucionalistas.

Pero, sobre todo, haber alcanzado este hito histórico no debe ser óbice para no seguir en la calle. No obstante, la pregunta que podemos hacernos es ¿estar en la calle para qué y por qué?

Hay que seguir en la calle, desde luego no solo para hacer un muro frentista como reacción a esa pretendida toma de la calle que quiere hacer la derecha y la ultra derecha cayendo en la trampa de su discurso guerracivilista. Hay que responder a las agresiones y provocaciones, que las habrá, con templanza, firmeza, cuando sea necesario y, sobre todo, con inteligencia.

Hay que evitar caer en la tentación de estar en la calle para desmovilizar a los colectivos que exijan solución a sus problemas o exijan el cumplimiento de lo prometido y, mucho menos manipularlos, aunque sea de forma bienintencionada, para evitar que caiga en las redes demagógicas de la derecha montaraz.

La presencia activa en la calle debe ser para atender, estudiar, razonar junto a la gente abriendo cauces de participación efectivas y, no solo, como bien dice Julio Anguita, para levantar el puño como gesto de autoafirmación. La gente debe sentirse escuchada y de esta manera sentirse participe de las soluciones, esta es la mejor forma de comprometerla en las medidas a tomar y de vacunarla frente a la demagogia de la derecha estimulada por los poderes fácticos económicos que no renunciaran a hacer que esta oportunidad histórica fracase a la primera de cambio y se frustre la posibilidad de mejorar la calidad de vida de una mayoría social maltratada y recortada en sus derechos civiles, así como, malograr también el necesario saneamiento de nuestra alicaída democracia.


Puño en Alto

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