14 de septiembre de 2019

ASCO Y NÁUSEAS

 

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Nada más mezquino que sacar provecho político, social o laboral del dolor ajeno o propio y nada más miserable que premiar esas conductas.

El último caso paradigmático de este execrable comportamiento corresponde a la Presidenta de Honor de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Ángeles Pedraza, cuyas exigencias por presuntos favores pasados se han visto recompensadas con la Gerencia del Servicio de Emergencias 112, y que el PP mediante la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha decidido ceder a sus pretensiones con dicho nombramiento, todo ello a pesar de no tener experiencia alguna al respecto, salvo la de ser madre de una víctima del terrorismo. Esta señora -en menos de dos semanas- ha pasado de Comisionada para Víctimas del Terrorismo en Madrid, Comisionada para la Cañada Real Galiana, hasta terminar donde quería, como gerente del Servicio de Emergencia 112.

Hay otros casos.

Como el de Juan José Cortés, padre de Mari Luz, niña asesinada en 2008 que, tras involucrarse en la campaña a favor de la prisión permanente revisable, se vio de la noche a la mañana como asesor en materia de justicia del PP y del grupo municipal del PP en Sevilla sin tener formación en dicha materia. Actualmente es diputado en el Congreso por el PP. Y todos aún tenemos en la retina la dantesca e injustificada aparición de este señor durante el rescate del pequeño Gabriel meses antes de las elecciones generales en la que salió elegido diputado por el PP por la provincia de Huelva.

O como el de María del Mar Blanco, hermana del joven concejal del PP asesinado por ETA, que ha hecho carrera política, actualmente es diputada y suena como comisionada para las Víctimas del Terrorismo en el gobierno de Díaz Ayuso en sustitución de Ángeles Pedraza.

Otro caso, pero menos conocido es de Daniel Portero, presidente de la Asociación Dignidad y Justicia, cuya carrera política le ha llevado a ser diputado autonómico en Madrid por el PP y puede terminar en la dirección del Canal Isabel II, en su descargo hay que decir que es ingeniero en dicho Canal.

Lo curioso es que normalmente es el mismo partido el que decide acoger a estas personas, que se dejan utilizar como ariete contra sus adversarios políticos para poco después exigir recompensas por los servicios prestados mediante cargos políticos, representación institucional municipal o parlamentaria o con generosos contratos laborales, sin que se mire si poseen cualificación profesional para ello, porque lo importante no es la calidad del servicio que pueden prestar ni la aportación en los ámbitos de representación, dada su escasa o nula capacitación formativa ni profesional, sino la utilización de su figura como reclamo propagandístico y electoral.

Por todo ello, expreso mi mayor repulsa por estos personajes, arribistas emocionales, que sin pudor ni dignidad alguna utilizan su dolor propio y ajeno para procurarse una carrera política o una buena y gratuita remuneración a cargo del erario público, de la misma manera que me produce asco y nauseas, el manoseo miserable que algunos partidos políticos hacen del dolor ajeno, que no dudan en convertirlo en piezas deseadas para emplearlas como armas arrojadizas en la contienda política y como reclamo electoral en sus listas.


Puño en Alto


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7 de septiembre de 2019

DÉJÀ VU

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 Déjà vu es un tipo de paramnesia del reconocimiento (en contraposición a las paramnesias del recuerdo) de alguna experiencia que sentimos como si se hubiera vivido previamente. Básicamente trata de un suceso que no recordamos exactamente, pero sentimos que ya lo hemos vivido.

 La mayoría de nosotros hemos experimentado alguna vez un déjà vu: la sensación de reconocer una experiencia como si la hubiéramos vivido antes, aunque no tengamos la certeza de haberla vivido. Sin embargo, a pesar de ser tan común, aún no está claro qué causa esta sensación. Para el psicólogo y neurocientífico Akira O’Connor, no es más que un mecanismo que usa el cerebro para comprobar que nuestra memoria funciona perfectamente.

Esta sensación puede verse causada porque creemos recordar una imagen que es moderadamente similar a un amplio número de eventos almacenados en la memoria o incluso porque hay un único elemento que nos resulta familiar en un contexto totalmente nuevo. Otra posibilidad es que la escena nos resulte similar a otro momento que recordamos vagamente y al que no prestamos atención cuando lo vivimos.

Y no son pocos los sufridos españolitos que en las últimas fechas han experimentado un Déjà vu. Por un lado, los denodados esfuerzos de la consejería de sanidad de la Junta de Andalucía, dirigida por el bocachancla y orondo Jesús Aguirre, por esconder, y escatimar datos de lo sucedido, afirmando sin rubor que desde su departamento se ha actuado con diligencia y rigor en todo momento. Ha hecho recordar la actitud de aquel ministro de sanidad de la UCD, Jesús Sancho Rof, que igualmente afirmó sin rubor que el origen de la enfermedad del síndrome tóxico del aceite de colza se había descubierto en un tiempo récord, obviando que ya había miles de afectados y cientos de fallecidos. Además de compartir nombre, también comparten sandeces en sus declaraciones. Uno, elogia a la empresa causante de la listeria afirmando que ha tenido mala suerte y el otro dijo que el bichito causante del síndrome tóxico es tan pequeño que si cae de una mesa se mata.

El otro episodio, ha sido con motivo de la operación relámpago de corazón del Emérito, también conocido como “El Campechano”. La amplia cobertura de los medios de comunicación sobre la intervención y el posoperatorio, dando pelos y señales sobre su favorable evolución y estado anímico, enumerando el rosario de visitas reales y no tan reales de familiares y allegados, así como, los partes médicos diarios ofrecidos por los facultativos del centro hospitalario, no han hecho más que recordar aquellos partes que firmaban como “el equipo médico habitual” sobre el estado de salud del dictador de funesto recuerdo para los españoles.

Para cerrar el círculo del Déjà vu, no han faltado las llamadas “serpientes de verano”, como se calificaban las noticias intrascendentes que los medios de comunicación utilizaban en los meses veraniegos al final de la dictadura y principios de la poca ejemplar transición, para distraer a los ciudadanos de los verdaderos problemas. La ciudadanía narcotizada por las trasnochadas fiestas patronales por doquier, por el incierto futuro del futbolista Neymar y por el revuelto tiempo meteorológico no han tenido tiempo para pensar y reflexionar que seguimos sin gobierno, porque una vez más los partidos, especialmente PSOE, PP y Cs, ponen sus intereses partidistas y personales por encima del interés general de una mayoría social abandonada a su suerte y avocada a una muy presumible estéril consulta electoral.

En este país los Déjà vu, no son una excepción en la memoria colectiva del pueblo, sino lamentablemente una constante que demuestra que, pese a todo, poco o nada hemos avanzado, en los medios de comunicación, en la clase política, ni en la jefatura del estado dinástica, nada representativa, que sin complejo disfruta y hasta alardea de sus cuantiosos y costosos privilegios.


Puño en Alto


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